Entrevista con Avi Shoshani

Avi Shoshani MINI

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2009

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

El israelí Avi Shoshani pertenece a una curiosa categoría de personas en el mundo de la música: la de los que tienen una enorme influencia sin ser conocidos del gran público. Algo así como un cruce entre productor, agente y promotor de conciertos, cuyo rostro raramente es fotografiado. El motivo de ese “poder” no es otro que sus cargos como director gerente (“executive manager”, aclara) de la Orquesta Filarmónica de Israel, una de las agrupaciones sinfónicas punteras a nivel mundial, y su “otra” carrera como co-director y consultor artístico del prestigioso y elitista Festival de Verbier, en los Alpes de la Suiza francesa.

Para entendernos, podría decirse que si el lector tiene un hijo con veleidades de pianista o una sobrina con cierto talento para el violín, conocer a Avi Shoshani puede ser la llave que abra muchas de las puertas a una carrera internacional. Y es que, sin duda, la agenda de teléfonos de este hombre puede hacer palidecer de envidia a más de cuatro agentes de conciertos, y sus contactos se extienden de Tokyo a Valencia pasando por Nueva York.

Shoshani es un hombre que parece seco y distante en principio, pero en las distancias cortas aclara que eso es una exigencia del guión, “para ser tomado en serio”. De hecho, Shoshani posee un poderoso sentido del humor y es una de esas personas que hacen las delicias de los periodistas, pues su discurso es fluido e interesante, y las risas puntúan toda la charla. “Soy judío”, aclaró al cronista con una sonrisa irónica, “hablar es lo que mejor sabemos hacer”.

P: Hable un poco de usted.

R: Yo he nacido tres meses antes de la Declaración de Independencia de 1948. De hecho, yo podría considerarme como palestino. Si le mando una carta a Abu Massen, debería otorgarme un pasaporte palestino (risas). En cuanto a mi trabajo, soy gerente de la Orquesta Filarmónica de Israel y director artístico del Festival de Verbier. Mi mujer dice a menudo, en broma, que aún me quedan dos horas libres al día y que debería asumir alguna otra responsabilidad.

P: Como muchos israelíes, su historia debe estar marcada por el Holocausto.

R: En efecto. Mi familia viene de Ucrania. En 1908, un familiar que había emigrado a Palestina comenzó a ver los peligros que se cernían sobre Europa en los años ’30. Esta persona pidió a toda mi familia que emigrara a lo que hoy es Israel. Los que le escucharon, como mis padres, se salvaron. Los demás murieron en los campos nazis. Es una historia clásica en Israel, que forma casi parte del folklore nacional.

P: ¿Y cómo llega a su puesto actual?

R: Todas las madres de mi generación querían que sus hijos fueran un Rubinstein o un Heifetz. Pero yo no lo logré y terminé gestionando los destinos de la Filarmónica de Israel. Llevo ya 35 años con la orquesta y aún amo mi trabajo.

P: En todos los países, la juventud se distancia cada vez más de la música clásica. Incluso en Israel. ¿Cual es la razón y qué solución ve?

R: El desinterés de los jóvenes por la música clásica es universal e incomprensible. Es una pregunta para la que no tengo respuesta, pero es una realidad dramática.

P: ¿Puede decirse que la respuesta esté en la fusión?

R: No creo que la solución pase por el “crossover”, por la mezcla de estilos. Creo que la falta es del sistema educativo, y eso no se arregla juntando a raperos con orquestas sinfónicas. Experimentos como los de Bobby McFerrin me parecen desacertados, y con el tiempo se ve que son irrelevantes. Nadie habla ya de Bobby.

P: ¿Cómo analiza la “invasión” de intérpretes asiáticos, en particular chinos?

R: Históricamente, los judíos querían salir del “ghetto” y obtener respetabilidad. Para ello, usaron la música, una de las pocas profesiones que les estaban permitidas y donde se los toleraba. Hoy, el mismo camino lo están siguiendo los chinos y los asiáticos. Se sienten discriminados y buscan la aceptación social sobre la base del talento. Quieren ser juzgados sólo en base a su capacidad, pero es innegable que el mercado no puede asimilar cientos de miles de nuevos pianistas cada año. En China el arte es una cuestión de ascenso socio-económico más que espiritual.

P: A pesar de ese análisis crítico, figuras del piano como Lang Lang o Yundi Li son habituales de “su” Festival de Verbier.

R: Lang Lang tiene talento, y está progresando mucho. Pero entre los asiáticos no hay el carisma y la genialidad de un Leonard Bernstein, o de una Martha Argerich. Los chinos siguen en la fase de la imitación, pero están aún muy lejos del momento de la creación. Harán falta generaciones para que lleguen a eso…si es que llegan. Y es que en China, si no has triunfado a los 30 años, estás liquidado. Es un sistema muy veloz y profundamente cruel.

P: ¿Y quienes le entusiasman?

R: Los sudamericanos! Para mí, el futuro de la música clásica pasa por América Latina. Es allí donde están surgiendo los intérpretes más interesantes. Gente como el director venezolano Gustavo Dudamel o la violoncellista argentina Sol Gabetta tienen mucho en común con la tradición judía. La misma chispa, la misma creatividad, incluso el mismo sentido del humor.

P: Es inevitable hablar de política con un israelí. ¿Cree que el mundo comprende lo que pasa en su país?

R: Absolutamente, no. Los británicos son los europeos más injustos en su análisis del conflicto árabe-israelí. La BBC es terrible. Para ellos, sólo cuenta lo que ocurre entre los palestinos. Es algo incomprensible para nosotros.

P: La historia de su orquesta está ligada a las guerras de Israel. No todos los días uno ve conciertos bajo las bombas.

R: Yo estuve presente el día en que Isaac Stern dió un recital de Bach ante un auditorio en el que todo el mundo llevaba puesta la máscara de gas. Lo asombroso es que nadie dejó la sala, a pesar de que caían los cohetes árabes. O cuando Leonard Bernstein dirigió en el Monte Scopus para los heridos de guerra. O el día en que Zubin Mehta dirigió ante gente entusiasta en plena primera Guerra del Golfo. No podiamos tocar en nuestra sede, y tuvimos que ir al puerto de Jaffa por el peligro. Son momentos que no se olvidan.

P: ¿Y cual es su  idea para terminar con esta eterna crisis?

R: A mi criterio, la única solución al conflicto pasa por dos Estados. Mi idea personal, que muchos israelíes no comparten, es una Jerusalén con un estatuto de autonomía basado en un modelo similar al del Vaticano.

P: Zubin Mehta, Itzhak Perlman, Daniel Barenboim y Pinchas Zukerman fueron un grupo de amigos que marcó la historia de la música y a los que usted conoce bien. ¿Cómo se llevan hoy?

R: Ellos siguen siendo amigos en lo personal. Pero en lo político están divididos y no pierden oportunidad de denunciarse mutuamente a la primera ocasión que tienen. Itzhak Perlman quiere mucho a Daniel Barenboim, pero le dice abiertamente que no está de acuerdo con sus posturas en el conflicto árabe-israelí.

P: ¿Es usted realmente uno de los hombres más poderosos en el mundillo de la música clásica?

R: Ciertamente, yo puedo ayudar mucho a una carrera musical (risas). Puedo abrir puertas, pero sólo la primera vez. La segunda, el artista estará solo. Obviamente, si no tienes talento, no hay nada que yo pueda hacer.

P: ¿El mundo de la música clásica no es un poco endogámico?

R: ¿Y acaso hay alguna profesión que no lo sea? (risas)

P: Hablemos de dinero. ¿Cuanto ganan sus músicos en Tel Aviv?

R: Los músicos de la Filarmónica de Israel ganan una quinta parte del sueldo de sus colegas americanos o europeos…y trabajan el doble! Es duro, pero es así.

P: Autores como Norman Lebrecht consideran que los “cachets astronómicos” de directores y solistas están matando a la música clásica. ¿Está usted de acuerdo?

R: Conozco bien a Norman, y no estoy de acuerdo con su teoría. Es un mito que los músicos clásicos ganen tanto dinero. ¿Comparados con quién? ¿Con Madonna? ¿O con David Beckham? A su lado, los directores y solistas son pobres. Y créame, porque sé muy bien de lo que hablo. Los cachets “astronómicos” de 60.000 euros por una noche existen cuando es el caso de eventos únicos e irrepetibles. Nadie paga eso por un artista en gira mundial. Sólo si hablamos de eventos televisivos de masas como los conciertos de los Tres Tenores.

P: Usted tuvo el raro privilegio de tratar a Leonard Bernstein. ¿Cómo era?

R: Lenny era un genio complejo. En sus últimos años apenas podía dormir. Bebía mucho y era un problema incluso que llegara a horario a los ensayos. Fumaba grandes cantidades de cigarrillos. Pero era de esos artistas que ya no se fabrican. Con él se rompió el molde. Un artista absoluto.

P: Vaya historias debe tener usted tras 35 años en este oficio.

R: Amo lo que hago. Aún me apasiona y me alegra. Es un gran privilegio seguir enamorado de mi trabajo tras tantos años. A menudo pienso que cuando me retire, me encantaría escribir un libro contando todas las anécdotas secretas de mi vida junto a los más grandes músicos. Podría ser algo explosivo!

Rodrigo Carrizo Couto, Texto y Fotos

Tel Aviv, Junio de 2008

La versión editada de esta entrevista fue editada por el diario “El País” el 12 de junio del 2008

Enlace:

http://www.elpais.com/articulo/ultima/judios/tocar/Zaragoza/volver/casa/elpepuult/20080612elpepiult_2/Tes

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