Entrevista Yuja Wang

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

La joven pianista Yuja Wang se ha erigido en pocos años como un referente ineludible de su instrumento a nivel mundial. Su carrera internacional comenzó en Suiza hace siete años y pasa por el Festival de Verbier, donde se realizó esta entrevista exclusiva.

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2010

Con apenas 23 años, Yuja Wang se ha convertido en una de las grandes promesas de salvación para la industria discográfica, que atraviesa tiempos tormentosos. La joven china nos recibe en el lujoso “Chalet d’Adrien”, en los altos de Verbier. Esta pequeña ciudad suiza celebra en julio uno de los festivales musicales más prestigiosos (y exclusivos) del mundo.

P: Su début en Europa tuvo lugar en Suiza. Y Verbier ha significado mucho en su carrera. ¿Puede decirse que tiene usted una relación especial con nuestro país?

Yuja Wang: Sin duda, es un lugar que significa mucho. He debutado con el maestro David Zinman y la orquesta de la Tonhalle de Zürich en 2003. Posteriormente he tocado varias veces en el Festival de Lucerna.

P: ¿Y cual es su relación con Verbier?

Y.W.: Aquí es conocí al director del sello Deutsche Grammophon y a mi patrocinador principal, Rolex. Es obvio por tanto que Suiza ha significado mucho en mi carrera. Aparte de eso, Verbier tiene una característica única. Es el único lugar del mundo donde los músicos tenemos tiempo para ir a escuchar a nuestros colegas! (risas) Lo malo es que me causa de gran stress tocar aquí, pues entre el público hay gente como Menahem Pressler, Yevgueny Kissin o Martha Argerich (nda: reconocidos pianistas)

P: ¿Cómo ve el panorama musical chino?

Y.W.: Yo me fui de China con 14 años, y volví por vez primera con el director Claudio Abbado y la Orquesta del Festival de Lucerna. Descubrí otro país, que me sorprendió mucho.

P: ¿Porqué hay tal interés en la música europea en China?

Y.W.: La música clásica occidental es una forma de arte relativamente nueva para los chinos, y muy profundamente respetada. Pero no se confunda, en China las audiencias están muy cultivadas y tienen un profundo sentido crítico, muy similar al del público europeo y suizo. Los chinos de hoy reciben un nivel de información muy similar al de los europeos y pueden comparar con buen criterio.

P: ¿Cómo pueden absorber el mercado y el mundo musical decenas de millones de pianistas y músicos de nivel profesional?

Y.W.: Hay que entender que los chinos que estudian piano no tienen todos la aspiración a una carrera profesional en la música. Para la mayoría, el piano es parte de una formación integral en la que entran otras materias. A veces creo que los chinos aspiran a ser una suerte de hombres del Renacimiento de hoy. Los chinos son gente de una curiosidad insaciable. A menudo en China siento que no sé nada. Me sorprende el grado de conocimientos que los jovenes chinos son capaces de manejar hoy en día. Un nivel muy distinto al que vemos, por ejemplo, en los Estados Unidos.

P: Usted y el otro gran pianista chino, Lang Lang, tienen algo en común: el mismo maestro de piano.

Y.W.: En efecto. Gary Graffman tiene, casi exclusivamente, alumnos asiáticos. Es curioso, pero se siente muy a gusto con jovenes de Asia. Suele comentar que los asiáticos aprendemos muy rápido, y que eso no es algo muy usual. Nos ha proporcionado, aparte de técnica y conocimientos, una enorme red de contactos puesto que conoce a casi todo el mundo que cuenta en el mundo de la música. Aparte, en Occidente podemos tocar con orquestas, lo que en China sigue siendo, por el momento, algo muy difícil.

P: ¿Existe algo que podamos llamar “escuela china de piano” como existen la rusa o la francesa, o es demasiado pronto para algo así?

Y.W.: A los chinos nos reconocen como excelentes técnicos, pero mi maestro proviene de la escuela rusa de piano. También he trabajado con maestros de técnica alemana, y yo absorbo todos esos conocimientos. O sea, la escuela china sería una combinación de esas distintas influencias musicales. Pero lo que realmente ayuda a construir una carrera es la individualidad. Y, para serle sincero, prefiero que no hablen de mí como “pianista china”, sino más bien como “música universal”.

P: Hablando de “individualidad”, qué pianistas han marcado su carrera?

Y.W.: Entre los pianistas vivos, me han dejado impresionada Radu Lupu e Ivo Pogorelich. Luego, obviamente, está Vladimir Horowitz. Y, dado que soy una mujer, no puedo olvidar a la gran Martha Argerich, que se encuentra también aquí en Verbier. De hecho, tengo una anécdota con Martha! Tuve que reemplazarla a último momento con la Sinfónica de Boston, tocando el Primer Concierto de Tchaikovsky. Así comenzó nuestra relación! Admiro mucho en Martha Argerich su generosidad, que la lleva a ayudar a tantos músicos en todo el mundo. Ella es una diosa del piano. Cada vez que sube al escenario se produce un milagro, aunque ella misma no pueda explicar cómo ese milagro se produce. (risas)

P: A menudo los especialistas del mundo de la música clásica observan el profundo desinterés de las generaciones jovenes. ¿Ocurre lo mismo en China?

Y.W.: No, al contrario. Allí, el 80 % del público está compuesto por padres con niños de menos de 15 años! Creo que el problema que usted menciona es fundamentalmente en Europa. En los Estados Unidos hay mucho público de menos de 30 años. Aunque es verdad que el gran problema es que la gente está intimidada por la música clásica.

P: Siendo usted tan joven, cómo piensa que se puede lograr atraer a la juventud?

Y.W.: Creo que la gente debe acercarse a la música clásica por su propio interés. No hay forma de obligar a la gente a amar una forma de arte.

P: ¿Cuales son sus proyectos a corto y mediano plazo?

Y.W.: No soy capaz de hacer planes más allá de una semana. Aunque por lo pronto sacaré un disco grabado en directo con obras de Rachmaninoff, dirigida por Claudio Abbado. Por lo demás, nunca sé lo que va a ocurrir. Acepto lo que me trae la vida sin pensar demasiado.

P: ¿Y cómo se imagina en la madurez, dentro de 20 años?

Y.W.: Creo que ya soy una intérprete madura…pero si se refiere a la edad, le aclaro que odio el concepto de “madurez”. Espero que dentro de 20 años logre mantener el fuego de la juventud que todavía podemos escuchar en Martha Argerich. Esa mezcla de profundidad y juventud es el ideal.

P: ¿Podría usted vivir sin el piano?

Y.W.: Puedo imaginarlo. A mí me interesa la música en general y no sólo el piano, que no es otra cosa que un instrumento para hacer música. Aunque no me puedo imaginar haciendo cosas como dar clases de música. No tengo la paciencia y no sabría que explicar a los estudiantes. (risas)

P: ¿La vida de un concertista de primer nivel debe ser agotadora, no?

Y.W.: En efecto. Estoy dando más de 100 conciertos por año, y eso es algo que no me gusta. Cuando la música se convierte en un trabajo hay algo que falla. A menudo sueño con dar menos recitales, pero que cada presentación sea un evento único e irrepetible.

P: ¿Tener éxito es tan duro entonces?

Y.W.: El éxito no pasa solamente por tocar bien el piano. Llevar adelante una carrera internacional implica habituarse a los viajes constantes. Y a mucha soledad.

P: Una curiosidad. ¿Con qué pasaporte viaja usted por el mundo?

Y.W.: Soy ciudadana china, con una Green Card de residente en los Estados Unidos.

P: ¿Qué hace usted para divertirse?

Y.W.: No me gusta el rock. Es demasiado fuerte para mis oídos. Tampoco me gusta ir a discotecas. Lo que sí me gusta mucho es el jazz, aunque aún no me he atrevido a tocarlo. En cuanto a mi tiempo de ocio, me encanta nadar, leer y ver películas.

P: ¿Hay algo que le gustaría decir que no le hayamos preguntado?

Y.W.: No. Pero me alegra que por una vez un periodista no me haya hecho hablar de mis novios y de mi vida privada.

P: ¿Novios?

Y.W.: Bueno…en este momento sólo tengo uno! (risas)

Rodrigo Carrizo Couto, Texto y Fotos

Verbier, julio de 2010

La versión editada de esta entrevista fue publicada por el diario “El País” el 21 de julio de 2010.

Enlace:

http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/verano/alpino/Yuja/Wang/elpten/20100721elpepirdv_10/Tes 

Yuja Wang

La pianista Yuja Wang nació en Beijing en 1987 en el seno de una familia de músicos

Comenzó sus estudios de piano a los seis años en el Conservatorio de Beijing. Posteriormente, se mudó a Canadá a los 14 años y continuó su formación en Estados Unidos con el célebre pianista Gary Graffman, quien fuera maestro del otro gran pianista chino de hoy: Lang Lang

Su primera presentación en Occidente tuvo lugar en 2003 con la prestigiosa orquesta de la Tonhalle de Zürich, en Suiza. Su primera actuación en Verbier le valió importantes contratos discográficos y de espónsoring

Su disco debut fue producido por el prestigioso sello alemán Deutsche Grammophon en el año 2009. Pronto se publicará un nuevo CD donde interpreta obras de Rachmaninoff acompañada de Claudio Abbado y la Orquesta de Lucerna

Es artista exclusiva del sello Deutsche Grammophon y “embajadora” de Rolex. Vive y trabaja en la ciudad de Nueva York

Entrevista con Avi Shoshani

Avi Shoshani MINI

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2009

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

El israelí Avi Shoshani pertenece a una curiosa categoría de personas en el mundo de la música: la de los que tienen una enorme influencia sin ser conocidos del gran público. Algo así como un cruce entre productor, agente y promotor de conciertos, cuyo rostro raramente es fotografiado. El motivo de ese “poder” no es otro que sus cargos como director gerente (“executive manager”, aclara) de la Orquesta Filarmónica de Israel, una de las agrupaciones sinfónicas punteras a nivel mundial, y su “otra” carrera como co-director y consultor artístico del prestigioso y elitista Festival de Verbier, en los Alpes de la Suiza francesa.

Para entendernos, podría decirse que si el lector tiene un hijo con veleidades de pianista o una sobrina con cierto talento para el violín, conocer a Avi Shoshani puede ser la llave que abra muchas de las puertas a una carrera internacional. Y es que, sin duda, la agenda de teléfonos de este hombre puede hacer palidecer de envidia a más de cuatro agentes de conciertos, y sus contactos se extienden de Tokyo a Valencia pasando por Nueva York.

Shoshani es un hombre que parece seco y distante en principio, pero en las distancias cortas aclara que eso es una exigencia del guión, “para ser tomado en serio”. De hecho, Shoshani posee un poderoso sentido del humor y es una de esas personas que hacen las delicias de los periodistas, pues su discurso es fluido e interesante, y las risas puntúan toda la charla. “Soy judío”, aclaró al cronista con una sonrisa irónica, “hablar es lo que mejor sabemos hacer”.

P: Hable un poco de usted.

R: Yo he nacido tres meses antes de la Declaración de Independencia de 1948. De hecho, yo podría considerarme como palestino. Si le mando una carta a Abu Massen, debería otorgarme un pasaporte palestino (risas). En cuanto a mi trabajo, soy gerente de la Orquesta Filarmónica de Israel y director artístico del Festival de Verbier. Mi mujer dice a menudo, en broma, que aún me quedan dos horas libres al día y que debería asumir alguna otra responsabilidad.

P: Como muchos israelíes, su historia debe estar marcada por el Holocausto.

R: En efecto. Mi familia viene de Ucrania. En 1908, un familiar que había emigrado a Palestina comenzó a ver los peligros que se cernían sobre Europa en los años ’30. Esta persona pidió a toda mi familia que emigrara a lo que hoy es Israel. Los que le escucharon, como mis padres, se salvaron. Los demás murieron en los campos nazis. Es una historia clásica en Israel, que forma casi parte del folklore nacional.

P: ¿Y cómo llega a su puesto actual?

R: Todas las madres de mi generación querían que sus hijos fueran un Rubinstein o un Heifetz. Pero yo no lo logré y terminé gestionando los destinos de la Filarmónica de Israel. Llevo ya 35 años con la orquesta y aún amo mi trabajo.

P: En todos los países, la juventud se distancia cada vez más de la música clásica. Incluso en Israel. ¿Cual es la razón y qué solución ve?

R: El desinterés de los jóvenes por la música clásica es universal e incomprensible. Es una pregunta para la que no tengo respuesta, pero es una realidad dramática.

P: ¿Puede decirse que la respuesta esté en la fusión?

R: No creo que la solución pase por el “crossover”, por la mezcla de estilos. Creo que la falta es del sistema educativo, y eso no se arregla juntando a raperos con orquestas sinfónicas. Experimentos como los de Bobby McFerrin me parecen desacertados, y con el tiempo se ve que son irrelevantes. Nadie habla ya de Bobby.

P: ¿Cómo analiza la “invasión” de intérpretes asiáticos, en particular chinos?

R: Históricamente, los judíos querían salir del “ghetto” y obtener respetabilidad. Para ello, usaron la música, una de las pocas profesiones que les estaban permitidas y donde se los toleraba. Hoy, el mismo camino lo están siguiendo los chinos y los asiáticos. Se sienten discriminados y buscan la aceptación social sobre la base del talento. Quieren ser juzgados sólo en base a su capacidad, pero es innegable que el mercado no puede asimilar cientos de miles de nuevos pianistas cada año. En China el arte es una cuestión de ascenso socio-económico más que espiritual.

P: A pesar de ese análisis crítico, figuras del piano como Lang Lang o Yundi Li son habituales de “su” Festival de Verbier.

R: Lang Lang tiene talento, y está progresando mucho. Pero entre los asiáticos no hay el carisma y la genialidad de un Leonard Bernstein, o de una Martha Argerich. Los chinos siguen en la fase de la imitación, pero están aún muy lejos del momento de la creación. Harán falta generaciones para que lleguen a eso…si es que llegan. Y es que en China, si no has triunfado a los 30 años, estás liquidado. Es un sistema muy veloz y profundamente cruel.

P: ¿Y quienes le entusiasman?

R: Los sudamericanos! Para mí, el futuro de la música clásica pasa por América Latina. Es allí donde están surgiendo los intérpretes más interesantes. Gente como el director venezolano Gustavo Dudamel o la violoncellista argentina Sol Gabetta tienen mucho en común con la tradición judía. La misma chispa, la misma creatividad, incluso el mismo sentido del humor.

P: Es inevitable hablar de política con un israelí. ¿Cree que el mundo comprende lo que pasa en su país?

R: Absolutamente, no. Los británicos son los europeos más injustos en su análisis del conflicto árabe-israelí. La BBC es terrible. Para ellos, sólo cuenta lo que ocurre entre los palestinos. Es algo incomprensible para nosotros.

P: La historia de su orquesta está ligada a las guerras de Israel. No todos los días uno ve conciertos bajo las bombas.

R: Yo estuve presente el día en que Isaac Stern dió un recital de Bach ante un auditorio en el que todo el mundo llevaba puesta la máscara de gas. Lo asombroso es que nadie dejó la sala, a pesar de que caían los cohetes árabes. O cuando Leonard Bernstein dirigió en el Monte Scopus para los heridos de guerra. O el día en que Zubin Mehta dirigió ante gente entusiasta en plena primera Guerra del Golfo. No podiamos tocar en nuestra sede, y tuvimos que ir al puerto de Jaffa por el peligro. Son momentos que no se olvidan.

P: ¿Y cual es su  idea para terminar con esta eterna crisis?

R: A mi criterio, la única solución al conflicto pasa por dos Estados. Mi idea personal, que muchos israelíes no comparten, es una Jerusalén con un estatuto de autonomía basado en un modelo similar al del Vaticano.

P: Zubin Mehta, Itzhak Perlman, Daniel Barenboim y Pinchas Zukerman fueron un grupo de amigos que marcó la historia de la música y a los que usted conoce bien. ¿Cómo se llevan hoy?

R: Ellos siguen siendo amigos en lo personal. Pero en lo político están divididos y no pierden oportunidad de denunciarse mutuamente a la primera ocasión que tienen. Itzhak Perlman quiere mucho a Daniel Barenboim, pero le dice abiertamente que no está de acuerdo con sus posturas en el conflicto árabe-israelí.

P: ¿Es usted realmente uno de los hombres más poderosos en el mundillo de la música clásica?

R: Ciertamente, yo puedo ayudar mucho a una carrera musical (risas). Puedo abrir puertas, pero sólo la primera vez. La segunda, el artista estará solo. Obviamente, si no tienes talento, no hay nada que yo pueda hacer.

P: ¿El mundo de la música clásica no es un poco endogámico?

R: ¿Y acaso hay alguna profesión que no lo sea? (risas)

P: Hablemos de dinero. ¿Cuanto ganan sus músicos en Tel Aviv?

R: Los músicos de la Filarmónica de Israel ganan una quinta parte del sueldo de sus colegas americanos o europeos…y trabajan el doble! Es duro, pero es así.

P: Autores como Norman Lebrecht consideran que los “cachets astronómicos” de directores y solistas están matando a la música clásica. ¿Está usted de acuerdo?

R: Conozco bien a Norman, y no estoy de acuerdo con su teoría. Es un mito que los músicos clásicos ganen tanto dinero. ¿Comparados con quién? ¿Con Madonna? ¿O con David Beckham? A su lado, los directores y solistas son pobres. Y créame, porque sé muy bien de lo que hablo. Los cachets “astronómicos” de 60.000 euros por una noche existen cuando es el caso de eventos únicos e irrepetibles. Nadie paga eso por un artista en gira mundial. Sólo si hablamos de eventos televisivos de masas como los conciertos de los Tres Tenores.

P: Usted tuvo el raro privilegio de tratar a Leonard Bernstein. ¿Cómo era?

R: Lenny era un genio complejo. En sus últimos años apenas podía dormir. Bebía mucho y era un problema incluso que llegara a horario a los ensayos. Fumaba grandes cantidades de cigarrillos. Pero era de esos artistas que ya no se fabrican. Con él se rompió el molde. Un artista absoluto.

P: Vaya historias debe tener usted tras 35 años en este oficio.

R: Amo lo que hago. Aún me apasiona y me alegra. Es un gran privilegio seguir enamorado de mi trabajo tras tantos años. A menudo pienso que cuando me retire, me encantaría escribir un libro contando todas las anécdotas secretas de mi vida junto a los más grandes músicos. Podría ser algo explosivo!

Rodrigo Carrizo Couto, Texto y Fotos

Tel Aviv, Junio de 2008

La versión editada de esta entrevista fue editada por el diario “El País” el 12 de junio del 2008

Enlace:

http://www.elpais.com/articulo/ultima/judios/tocar/Zaragoza/volver/casa/elpepuult/20080612elpepiult_2/Tes