Entrevista Isabelle Graesslé

Isabelle Graesslé 24 - MINI

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2009

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

Hace cinco siglos nacía en Francia el teólogo Juan Calvino, considerado junto a Martín Lutero uno de los “padres” de la Reforma Protestante que iba a cambiar Europa en el Siglo XVI. Para acercarse a esta figura capital de la historia europea pocas personas están más capacitadas que Isabelle Graesslé, teóloga francesa y directora del Museo Internacional de la Reforma de Ginebra. Graesslé, autora de numerosos libros sobre Calvino y la Reforma, ha sido la primera mujer en ocupar el puesto de Moderadora de la Compañía de Pastores. Esta venerable institución, creada por el propio Calvino, ocupa un lugar central en Ginebra, ciudad conocida como “la Roma protestante”. El Museo Internacional de la Reforma, ganador del premio del Consejo de Europa, prepara en 2009 una serie de exposiciones para recordar la figura de Calvino. A ello se suman iniciativas del Deutsches Historisches Museum, de Berlín, y del Museo de Dordrecht, en Holanda.

P: Juan Calvino ha tenido una importancia capital en la Historia europea, pero es poco conocido de los lectores españoles. ¿Quién fue Calvino?

R: Fue un teólogo francés nacido en 1509 que perteneció a lo que podriamos definir como Segunda Generación de la Reforma. Calvino surge como reacción a una visión de lo religioso basada en la superstición, lo pueril y lo mágico. Pero para comprender su obra antes hay que comprender a Martín Lutero, quien el 31 de octubre de 1517 hizo públicas las hoy célebres “95 Tesis” con las que se enfrentaba a la Iglesia Católica. En esa época, el Vaticano necesitaba enormes capitales para terminar las obras de la Basílica de San Pedro y se decidió que la salvación no sólo se alcanzaba por la buenas obras, sino con dinero. La gente pagaba importantes sumas para limpiarse del pecado. Es lo que se llamó “la venta de indulgencias”.

P: ¿Cómo explica usted lo que significó Juan Calvino?

R: Representa una vuelta a los valores fundamentales de la fe, basada en la lectura individual de la Biblia y en una profunda simplificación de la religión. Martín Lutero es el elemento esencial de la Reforma, el teórico. Pero Calvino fue el estratega y el político. A los 27 años, en 1536, publicó su obra capital, “Institución de la Religión Cristiana”. El libro fue un “best-seller” entre los intelectuales de la época, aunque sólo el 1 % de la población sabía leer. Tenía  una inteligencia única y era un gran orador. Su estructura de pensamiento es de esas que se dan dos o tres veces en un siglo.

P: ¿Puede explicar cuales son las principales similitudes y diferencias entre la Iglesia Católica Romana y ustedes ?

R: La diferencia fundamental es que no hay ningún intermediario entre dios y el ser humano. Según el teólogo Olivier Fatio, “Calvino vació el Cielo, al eliminar santos y vírgenes”. La estructura de la Iglesia Católica es piramidal, con el Papa en la cima, obispos, sacerdotes y el pueblo. Nosotros creemos que todos somos iguales, y funcionamos como una especie de asamblea. Nos parecemos bastante a una democracia parlamentaria. Los calvinistas creemos que la única autoridad emana de la Biblia, de la Palabra. De hecho, hay teólogos que consideran que “el mero hecho de predicar la Palabra ES la Palabra”. Una especie de fusión con lo divino a través del texto muy propia de la tradición judía, a la que Calvino estaba muy apegado. De hecho, puede decirse que el pensamiento de Juan Calvino es profundamente rabínico.

P: ¿Y en cuanto a los sacramentos?

R: La Iglesia Católica reconoce siete, nosotros sólo dos. Son el bautismo y la eucaristía. Para explicarlo simplemente, creemos que son los dos momentos capitales en la vida de Jesús: su comienzo y su fin. Creemos en la confesión, pero no es un sacramento y se hace de forma pública ante la asamblea. Tampoco creemos en el Purgatorio ni en la bendición de reliquias u objetos.

P: ¿Y qué hay de la virginidad de María?

R: Para nosotros es irrelevante y anecdótica. Ni la negamos ni la afirmamos. De hecho, según los Evangelios griegos originales, María es definida como “partenós”, que quiere decir “doncella” o “muchacha”. De eso no se deduce que fuera virgen! Lo central en el Protestantismo es que María no participa del hecho de la salvación, ni es una intercesora entre nosotros y dios.

P: Usted debe conocer bien el libro de Max Weber sobre “La ética protestante y el origen del capitalismo”. ¿Qué hay de cierto en ese texto?

R: Max Weber asocia el calvinismo al origen del capitalismo pues nosotros creemos que no “merecemos” la salvación, pero ello no justifica que nos quedemos de brazos cruzados. Hay una noción de esfuerzo y trabajo sumado a un agudo sentido de la responsabilidad que son muy propios del Protestantismo. De hecho, Calvino puede ser considerado el padre de la economía moderna al permitir los préstamos, algo que hasta entonces sólo podían hacer los judíos. Según Calvino, el dinero no podía estar inactivo y debía servir a la sociedad. Para tal fin, podía ser prestado, siempre que los intereses fueran “razonables”. Weber asocia al calvinismo el concepto de “hacer trabajar el dinero”, pero su libro fue muy criticado en el Siglo XX.

 P: Si uno mira el mapa de las naciones más prósperas de Europa, coincide asombrosamente con el mapa del Protestantismo. ¿Cual es la relación entre Reforma y riqueza?

R: Sin duda, hay una relación. Volviendo a Max Weber podriamos decir que no se equivoca del todo, pero que tampoco tiene toda la razón. A mediados del Siglo XVI una nueva visión de la economía comienza su marcha, coincidiendo con el desarrollo del calvinismo.

P: ¿Podemos profundizar un poco en el pensamiento político de Calvino?

R: El elemento central es que cree firmemente en una separación estricta entre el poder temporal y el poder religioso. Entre iglesia y Estado. Un pensamiento muy moderno para su época.

P: Los movimientos evangélicos conocen una enorme expansión en América Latina, y a través de la inmigración comienza a ser un fenómeno conocido en España. ¿Se reconoce usted en esas iglesias? ¿Qué les une y qué les separa de ellas, siendo como son ramas del protestantismo?

R: Es una pregunta compleja. Los sociólogos de la religión tienen serias dudas respecto a que esas iglesias puedan ser consideradas protestantes. Personalmente, no me reconozco en esas iglesias mercantilistas, que creen en los milagros y el espectáculo. Yo veo a esos movimientos que arrasan en América Latina más bien como una reacción o una revuelta interior del propio catolicismo. Una forma de reencontrar una supuesta pureza. Pero es un fenómeno que nos lleva a hacernos muchas preguntas sobre las razones de su enorme éxito.

P: ¿Cómo se llevan los Protestantes con la Iglesia Católica hoy en día?

R: Son tiempos muy duros. Vivimos la edad de hielo del Ecumenismo. En tiempos del Concilio Vaticano II y del Papa Juan XXIII se vivió su edad de oro; pero la jerarquía actual, que ya estaba presente en tiempos de Juan Pablo II, ha roto de manera radical con esa tradición de tolerancia. No hay que olvidar que el Papa Ratzinger era Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe en tiempos de Wojtyla.

P: Muy a menudo se escucha a los analistas decir que el islam es una religión que necesita su Reforma. ¿Está usted de acuerdo?

R: Como representante de mi iglesia no quiero ni puedo pronunciarme sobre otra religión. Pero como teóloga puedo decirle que en el islam ha habido grandes reformadores y progresistas. El problema es que no fueron escuchados.

Rodrigo Carrizo Couto, Texto y Fotos

Ginebra, Enero de 2009

La versión editada de esta entrevista fue publicada por la SRG-SSR Swissinfo el 26 de abril de 2009.

Enlace:

http://www.swissinfo.ch/spa/sociedad/El_calvinismo_cree_que_todos_somos_iguales.html?cid=7338406

 

Anuncios