Entrevista Claude Nobs

Fundador y Director del Montreux Jazz Festival

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

Claude Nobs 1 ED

Copyright foto: Rodrigo Carrizo Couto

Nota introductoria: Publico esta charla en su versión integral el mismo día que nos enteramos de la muerte de Claude Nobs. Una entrevista que (lo confieso) no comenzó con buen pie, pero que se fue enderezando a medida que la charla avanzaba y Nobs pudo dar rienda suelta a sus memorias. Al final la media hora prevista terminaron siendo casi dos horas de conversación en los jardines de su apabullante chalet con vistas al Lago Leman.

Claude Nobs era, sin ninguna duda, una persona apasionada de todo corazón por lo que hacía, y de una energía inagotable. Alguien muy lejano a los gestores y administradores formateados que suelen vomitar las escuelas de negocios de hoy en día. De hecho, no era nada raro ver a Nobs subir a los escenarios del “off festival” a las 4 o 5 de la mañana para tocar la armónica con sus amigos los músicos. Y es que con la muerte de Nobs se cierra una una cierta época de la cultura europea.

En los últimos años, graves problemas de salud llevaron a Nobs a ir dejando poco a poco las riendas de “su” festival en manos de una nueva generación de administradores. La cartelera del festival se fue haciendo más y más previsible y el peso asfixiante de las directivas de los todopoderosos espónsors se fueron haciendo cada vez más evidentes. Con la muerte de Nobs se abren interrogantes sobre el futuro de un festival que llegó a ser una referencia planetaria indiscutible; pero ahora el tiempo dirá si el evento cultural más famoso de Suiza puede seguir adelante sin su padre y creador.

Entrevista:

La agenda de teléfonos de Claude Nobs podría, muy posiblemente, poner verde de envidia al más pintado de los productores o agentes musicales del planeta. El hombre que fuera definido por Quincy Jones como “uno de los más grandes promotores culturales de la historia” nació hace 70 años en Territet, a pocos minutos de la pequeña localidad balnearia de Montreux, en la Suiza francesa. De origen modesto (su padre era panadero), Nobs comenzó su carrera en la gastronomía antes de pasar a ocupar un puesto en la Oficina de Turismo de Montreux. Desde ese despacho, Nobs iba a reinventar el concepto de festival, tal como lo entendemos hoy, gracias a un encuentro “milagroso” en Nueva York con Nesuhi Ertegun, patrón de Atlantic Records.

“Yo soñaba con hacer conocer mi pequeña ciudad en los Estados Unidos”, confiesa cuarenta años más tarde el padre del Festival de Jazz de Montreux. Amigo de leyendas de la música como Miles Davis, Astor Piazzolla, Bill Evans, Tom Jobim, Freddie Mercury, David Bowie, Santana o B.B.King, este hombre logró elevar a Montreux al Olimpo de los festivales y convirtió su ciudad en sinónimo de calidad y consagración para culaquier músico moderno.

La Fundación del Festival de Montreux guarda igualmente en salas especiales un tesoro único protegido contra fuego, terremotos o (fuera de broma) bombas atómicas: se trata de la base de datos audio y vídeo de los 39 años de historia que han visto desfilar 4000 grupos y solistas. Esta colección constituye, según el cotidiano de Ginebra “Le Temps”, “el más importante testimonio de música en vivo jamás grabado en el marco de un sólo y único festival”. Montreux guarda en el recuerdo momentos inolvidables como el concierto que el 8 de julio de 1991 Miles Davis diera junto a Quincy Jones reinterpretando los colosales arreglos de Gil Evans para los discos “Sketches of Spain”, “Miles Ahead” y “Porgy & Bess”. Esa sesión legendaria sería el testamento musical del trompetista, que moriría dos meses más tarde.

El “padre” del festival convive desde hace 15 años con su pareja masculina: Thierry Amsallem, y superó hace pocos meses una delicada operación de corazón a vida o muerte. Claude Nobs ha sido recientemente votado por sus compatriotas como “el hombre vivo que más ha hecho por la promoción de Suiza”. Esta charla exclusiva tuvo lugar en su chalet “Le Picotin” en las increíbles montañas que rodean el Lago Léman, días antes del inicio del 40 Festival de Jazz de Montreux.

P: ¿Cómo comenzó la aventura de Montreux?

R: Yo tuve un sueño en 1967: quería que mi pequeña ciudad fuera conocida en los Estados Unidos. Comenzamos con un primer presupuesto modesto de 6000 euros, y mis modelos eran los festivales de Newport y Rhode Island. En esa época, Newport congregaba 10.000 personas por noche mientras que nosotros estábamos contentos de juntar a 600 personas en el Casino. El año pasado pasaron por Montreux 240.000 personas. La idea original era exclusivamente jazz, aunque luego fuimos mezclando músicas diversas. Comencé a traicionar a los puristas del jazz en los 70 cometiendo un crimen de “lesa majestad”: programar algo que no fuera jazz puro. Afortunadamente, cada año desde entonces convocamos a más y más músicos de otros horizontes.

P: ¿Cuál es su secreto? ¿Es cierto que Suiza paga, junto con Japón, los honorarios más elevados del mundo a los artistas?

R: La magia de Montreux consiste en que generamos encuentros de músicos y conciertos que no se repetirán jamás en ninguna otra parte del mundo. Eventos únicos como las convocatorias de este año dirigidas por Santana. La idea central de Montreux es que los músicos puedan salir de los caminos trillados y dejen de tocar sus repertorios habituales. Los músicos no vienen aquí sólo por el dinero pues, a menudo, reciben mejores propuestas económicas en otros festivales. Pero nosotros les tratamos de manera regia y les ofrecemos las mejores condiciones existentes en el mundo a nivel de sonido, grabación y tecnología de vídeo. De hecho, el pianista Bill Evans llegó a ganar un Grammy en 1968 con un disco grabado en vivo en Montreux. Les dejamos hacer programas excepcionales, nuestras pruebas de sonido son de verdad y, además, si se pasan del tiempo pactado tocando ningún programador va a venir a molestarles o cortarles la corriente.

P: Se cuentan jugosas anécdotas de su relación con los músicos. Muy en particular con Miles Davis.

R: A Miles le gustaba una de mis camisas (risas). Me la quité y se la ofrecí, lo cual le pareció alucinante. Igualmente pidió una Ferrari descapotable y se la conseguimos. El único inconveniente es que él la quería negra y se la conseguimos roja. Todos estos detalles prueban que mi mayor interés es hacer feliz al artista.

P: ¿Tiene algún recuerdo especial de su amistad con Miles Davis?

R: Miles venía a menudo a mi casa a escuchar música y yo siempre le ponía discos de jazz, hasta que un día, harto, me dijo: “pon rock’n’roll o funk”. Yo le pregunté: ¿“es que no te gusta el jazz?”. Y él me respondió: “el jazz es una mierda”. Era todo un personaje. Era único y todo el mundo le tenía miedo. Un día aceptó dar una conferencia de prensa a pedido personal mío, cosa excepcional en él. Llegó vestido de negro y con sus inseparables gafas de sol. Miró a los treinta periodistas reunidos en el Palace y su efecto intimidador fue tal que ninguno se atrevió a hacerle la más mínima pregunta.

P: ¿Cómo consigue fidelizar a tal punto a los músicos?

R: A menudo la fidelidad de un artista no se consigue con dinero sino con pequeños detalles. Aretha Franklin dió sus primeros conciertos en Europa invitada por mí aunque le pagaba muy poco dinero. El detalle que la convenció fue que le hice llegar dos cajas de los mejores chocolates suizos y le encantaron. Los dulces compensaron su cachet habitual. Herbie Hancock lleva 23 años viniendo a tocar a Montreux sin jamás repetir sus acompañantes ni el programa de su repertorio.

Quincy Nobs

Claude Nobs y Quincy Jones
Copyright foto: Rodrigo Carrizo Couto

P: En Montreux se han grabado numerosos discos históricos. Pienso en un memorable concierto de Elis Regina y Hermeto Pascoal.

R: Elis Regina vino a Montreux, al igual que Hermeto Pascoal o Tom Jobim, invitada por André Midani, presidente de la WEA Brasil. El fue el primero en traer a los músicos de Brasil a Europa. Al final del célebre concierto de Elis en el Casino le propuse: “¿y si Hermeto sube a tocar con ella?”. A lo que me respondió: “¿estás loco? ¡Hermeto no puede ser acompañante de Elis Regina!”. Igualmente, yo se los propuse y accedieron encantados a grabar unos temas juntos para ese disco histórico. En general esas locuras me salen bien porque soy como un niño que no tiene miedo de pedir.

P: Siempre intentar el más difícil todavía.

R: Sí. Yo no soy un productor ni un agente. A ellos sólo les interesa llenar la sala y ganar dinero. Yo voy siempre mucho más allá.

P: Otra unión histórica: el “nuevo tango” de Piazzolla – Burton.

R: La unión de Astor Piazzolla y Gary Burton en el Casino fue una idea de Nesuhi Ertegun, el legendario productor. A Gary Burton le produjo un ataque de pánico la idea de tocar una obra escrita hasta la última nota, sin poder improvisar y con un grado de dificultad excepcional. Al final, el concierto y el disco fueron un triunfo. Piazzolla era un tipo difícil que siempre estaba a la defensiva pensando que alguien le quería quitar lo que era suyo pero, una vez establecida la confianza, era un hombre encantador. A él le gustó mucho mi relación con Camarón de la Isla, y eso facilitó mucho las cosas. Incluso llegó a realizar en Montreux el estreno mundial de su Concierto para Bandoneón y Orquesta con la Sinfónica de Lille. Algo que muy poca gente sabe, dado que ese concierto nunca salió en disco.

P: ¿Cuál es su relación con España?

R: Muy estrecha. Siempre he tenido una buena relación con España y el mundo latinoamericano. Aquí han tocado desde Maná y Café Tacuba hasta Presuntos Implicados pasando por Fito Páez o el mítico Camarón de la Isla. Paco de Lucía es un invitado de lujo muy regular que se ha presentado varias veces, tanto con su grupo como a dúo con su amigo John McLaughlin. Incluso Montserrat Caballé ha cantado aquí con el popular grupo de rock suizo Gotthard.

P: No es muy conocido que Freddie Mercury pasó los últimos años de su vida en Montreux. ¿Cómo fue su relación con el inolvidable cantante de Queen?

R: El y yo eramos buenos amigos e incluso le he prestado mi casa una temporada mientras preparaban la suya. Su verdadero sueño fue siempre ser cantante de ópera, y pudo hacerlo realidad cantando “Barcelona” con su adorada Montserrat Caballé. De todas maneras, él nunca cantó en Montreux pues esta ciudad era su hogar y prefería mantener una privacidad.

P: ¿Qué piensa de la actual proliferación de festivales musicales?

R: La cuestión de la competencia en Europa de los festivales de verano es una auténtica locura. ¡Sólo en Suiza hay más de 100! Basta con alquilar un descampado y montar un escenario para que cualquiera se crea promotor de conciertos sin tener ni idea de lo que significa el tema. No tienen ninguna preparación ni criterio. Esta situación no puede continuar. Se caerá de su propio peso.

P: ¿Y la “plaga” de concursos televisivos de aspirantes a cantantes, que arrasan Europa?

R: Estos concursos son tan patéticos que no merecen mayores comentarios. Todo está fabricado y huele a plástico. Sólo es “look” sin corazón ni talento.

P: Las entradas en Montreux son muy caras, incluso para la riquísima Suiza. ¿Eso no impide el acceso a numerosas personas que podrían estar interesadas en el festival?

R: Dicen que Montreux es muy caro, pero no somos un “ghetto”. Aquí hay numerosas actividades que se pueden disfrutar sin pagar una entrada. Cualquiera puede venir y vivir el ambiente del Montreux Jazz. No somos tan caros. San Sebastián o Vitoria a veces tienen entradas más caras que nosotros por el mismo concierto y, sin duda, los conciertos clásicos de primer nivel son mucho más caros.

P: A menudo, los “puristas” critican a Montreux su marcado eclecticismo que permite ver en una misma noche a Alice Cooper y Joao Gilberto. ¿Qué le respondería a sus detractores?

R: Hemos logrado un milagro, que es fidelizar a tres generaciones de público. Una familia puede venir junta a Montreux y, mientras que los abuelos de 60 van al Casino a oír a Juliette Gréco, los padres de 40 van a ver a Sting en el Auditorio Straviniski y los hijos de 17 van a ver a los Black Eyed Peas en la Miles Davis Hall. Y todos tan contentos.

P: Usted ha convertido el nombre del Montreux Jazz Festival en una marca exportable. Una especie de franquicia multinacional.

R: Montreux es la única manifestación cultural del mundo presente en cuatro continentes gracias a nuestras ramas en Singapur, Tokyo, Atlanta, San Pablo y Praga.

P: Hablemos un poco de dinero. ¿Cuál es el presupuesto del festival? ¿Tiene ayudas públicas o subvenciones?

R: El presupuesto de Montreux este año es de 12 millones de euros para 16 días de festival. No recibimos ninguna subvención ni ayuda del estado suizo o del cantón, y la ciudad de Montreux sólo nos proporciona ciertas infraestructuras. El dinero proviene de la venta directa de entradas, espónsoring privado, y restauración.

P: ¿Cómo ve el futuro del jazz, desde su posición priviliegiada?

R: Hay muchos jóvenes muy dotados y con gran técnica a los que les falta lo que tenían Miles, Coltrane, Bill Evans o Charlie Parker: simplemente, el genio y la capacidad de emocionar. De todas formas, hay que decir que el jazz no ha muerto. Pero no veo mucho futuro en las actuales fusiones sin criterio.

P: ¿Cuál es el balance de estos 40 años de la “madre de todos de festivales”?

R: Para mí, aprovechar la vida es trabajar cada día, incluidos los sábados y domingos. Mi pasión por este oficio no sólo no se reduce con los años sino que aumenta. Aunque mantener este ritmo no siempre es fácil.

P: Aunque a veces lo parezca, usted no es eterno. ¿Qué será del Festival de Montreux el día que Claude Nobs no esté?

R: El día que me retire el relevo está asegurado. Estoy rodeado de jóvenes de gran talento que se ocuparán del festival y podrán volar solos. Lo que me pone triste es que no parecen establecer amistad y estrechos vínculos personales con los artistas como he hecho yo. Pero vivimos en otra época, supongo.

Rodrigo Carrizo Couto

Le Picotin, Caux

Junio de 2006

La versión editada de esta entrevista fue publicada en “El País” el 29 de junio de 2006

http://elpais.com/diario/2006/06/29/cultura/1151532010_850215.html

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