Entrevista Peter Stamm

El autor suizo Peter Stamm en su casa de Winterthur

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2011

“La literatura debe nacer de la vida, no de los libros”

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

“Cuando llegue usted a la estación, quédese esperando en el andén. Cuando todo el mundo se haya ido, verá un hombre solitario dando vueltas. Ese seré yo”. Así reza el correo electrónico que envía al cronista uno de los escritores en lengua alemana más celebrados de nuestros días. Sin duda, una presentación irónica y desenfadada; que casa mal con la imagen que en el sur de Europa solemos tener de Suiza, país rígido y (supuestamente) carente de atractivo más allá de sus bancos y el chocolate.

Pero Peter Stamm no parece adherir al estereotipo que tenemos de sus compatriotas. Se presenta sin solemnidades, con una camisa que bien podría agradecer la visita de una plancha, y sin afeitar. Encima se permite fumar en estos tiempos de neurosis sanitaria obsesiva.

Y hablando de salud, es innegable que este escritor recuerda a otro personaje celebrado por su humor y su incorrección política: el médico televisivo Gregory House, encarnado por el actor británico Hugh Laurie. Tras observar un instante al visitante, el autor de “Siete Años” replica irónico al comentario: “No sé bien si tomar eso como un halago, o como una crítica”.

Nacido en 1963 en el cantón oriental suizo de Turgovia, Peter Stamm hizo de todo en su vida: desde descargar aviones hasta ser contable y desde promocionar Suiza en los Estados Unidos a colaborador de una revista satírica. Su última novela, “Siete Años”, se inicia en 1989, en plena caída del Muro de Berlín y llega hasta nuestros días. La novela cuenta la historia de Alex y Sonia, una exitosa pareja de arquitectos alemanes, y su relación a lo largo de más de dos décadas con Ivona, una inmigrante ilegal polaca que cambiara sus vidas para siempre.

“Tuve la suerte de conocer a mi agente en una fiesta de cumpleaños”, explica Stamm acerca de sus inicios, “y a partir de allí todo fue muy rápido en mi carrera”. Esta extensa entrevista tuvo lugar a principios de octubre de 2011, en la casa que Peter Stamm comparte con su pareja y dos hijos en un elegante barrio burgués en Winterthur, cerca de Zürich.

P: Usted se formó como contable, pero tiene una amplia experiencia trabajando como periodista. ¿En qué sentido ese oficio ha influido en su forma de trabajar?

R: Yo llegué al periodismo casi de casualidad. A los 20 años decidí que quería ser escritor, pero me formé como contable porque no tenía ningún interés en continuar con mis estudios. Luego hice varios semestres aquí y allí intentando prepararme para ser escritor. Fue así que escribí un breve texto que mostré a un amigo, quien me recomendó que lo presentara en un diario.

P: ¿Pero vivía usted del periodismo independiente?

R: Sí. Comencé trabajando para una revista satírica en la que muy pronto tuve un lugar. Aunque lo cierto es que éramos apenas tres o cuatro personas para sacar la publicación adelante y yo hacía de todo: desde crítica cinematográfica a textos de humor, parodias o pequeñas obras de teatro. Luego gracias a un amigo fotógrafo pude comenzar a trabajar haciendo grandes reportajes de tipo casi literario para revistas y suplementos dominicales. Algunos de mucho prestigio en Suiza, como el “Neue Zürcher Zeitung”. Me ganaba bien la vida, pues algunos textos se pagaban a casi 3.000 euros.

P: Eran otros tiempos

R: Sin duda (risas). Creo que hoy es imposible cobrar sumas así. Lo cierto es que ya casi nadie hace este tipo de periodismo hoy en día.

P: Sigamos con su carrera.

R: Pues con el cambio de dirección en la empresa, consideré que no podía seguir trabajando con ellos. En mi opinión, adoptaron una línea editorial incorrecta. Es así que me quedé sin empleo de la noche a la mañana, lo que me hizo concentrarme en la escritura de ficción. Publiqué mi primer libro en 1998, pero no podía vivir de la escritura. Gradualmente, pude alejarme del periodismo, aunque a veces aún escribo. Por ejemplo, a pedido del “New York Times”.

P: ¿Y en qué medida la práctica del periodismo le ayudó?

R: Es muy importante tener la posibilidad de publicar tus textos y tener que respetar plazos de entrega. Muchos aspirantes a escritores se quedan trabajando en sus textos durante años y años, lo que termina siendo una forma de diletantismo. El periodismo me sirvió también para comprender que no era un genio, pero tampoco un fracaso total como escritor. Otra cosa importante es la disciplina y la capacidad de discriminar entre tus propios escritos para saber diferenciar lo que es bueno de lo que no lo es. Cuanto más escribes, mejor trabajas la materia prima que es tu lengua.

P: ¿Ve a sus personajes como arquetipos de la Europa Central?

R: Nunca me han gustado los escritores que escriben sobre lo que no conocen. Encuentro barato hablar de las clases trabajadoras si uno no pertenece a ellas. Supongo que te hace parecer interesante usar personajes extremos, como alcohólicos o drogadictos. Pero yo escribo de europeos “normales” porque yo soy uno de ellos. Les entiendo bien.

P: ¿Cuál es su relación con España?

R: No tengo un gran contacto. Conozco bien Barcelona, pero poco más. Apenas he visitado Madrid en una ocasión.

P: ¿Y cómo imagina que el lector español se relaciona con sus personajes, tan centroeuropeos?

R: Es interesante, porque mis libros ya han sido traducidos a 36 idiomas. Creo que mis historias hablan de relaciones entre hombres y mujeres; y eso interesa a todo el mundo. En China la gente llegará a entender el tema. De hecho, tuve un encuentro muy gracioso una vez con un ruso que me contaba que “Agnès”, mi primer libro, era exactamente su historia, pues aunque venía de un universo totalmente distinto, podía entender perfectamente de qué se trataba. Eso es lo maravilloso de la literatura. Que yo puedo leer a Chéjov, un señor ruso que vivió hace más de 100 años, y sentirme plenamente identificado con su universo.

P: En su biografía se dice que usted vivió temporadas en Nueva York, Londres y París. ¿Haciendo qué exactamente?

R: Durante medio año he trabajado para la oficina de promoción de Suiza en el extranjero pues mi hermana colaboraba con ellos. Luego pude pasar una temporada en Londres, pero ya invitado como escritor.

P: ¿Y cómo pasa uno de vivir en Nueva York a la serenidad de Winterthur? ¿No le tentó el “sueño americano”?

R: La verdad es que no. Me gustó mucho la experiencia, pero no quisiera vivir en grandes ciudades nunca más. Especialmente teniendo hijos pequeños. No tiene usted más que mirar por la ventana y ver el jardín y los bosques que tenemos aquí. Nunca en la vida podría permitirme vivir en una casa con árboles y jardines en Nueva York, a no ser que fuera un banquero suizo. (risas)

P: ¿Por qué “Siete Años” transcurre en Alemania y no en Suiza?

R: Prefiero escribir acerca de lugares que no conozco muy bien. Cuando estás habituado a un lugar pierdes la capacidad de “verlo” en un sentido profundo. De observación. Múnich es una ciudad que conozco poco, lo que me permite verla con ojos nuevos.

P: ¿Por qué Múnich?

R: Porque es una ciudad que le sienta bien a esta pareja formada por Alex y Sonia. Múnich es una ciudad de gente guapa, elegante y con éxito. No tiene nada que ver con Berlín. De hecho, se parece a Zúrich en el esnobismo de sus clases medias. Yo he vivido cinco años en Zúrich y la considero una ciudad demasiado “chic”, con unos habitantes demasiado seguros de sí mismos. Para ser realmente aceptado en Zúrich hace falta disponer de una billetera bien llena.

P: Hablando de Zúrich, antes usted comentaba que se alejó del “Neue Zürcher Zeitung” dada su línea editorial. De hecho, Suiza es un país muy mal conocido en el resto de Europa, y una de las razones es el enorme peso de la derecha política y nacionalista. ¿Cree usted que se entiende a su país afuera, o solo se habla de lo malo?

R: Lo más conocido en Europa es el partido SVP/UDC (Partido Popular de Suiza) y sus iniciativas contra los minaretes o la inmigración no europea. Son realidades que me desagradan y con las que estoy totalmente en desacuerdo. Es difícil creer que el 30 % de los suizos estén de acuerdo con su visión del mundo y voten por ellos.

P: Pero nos guste o no, la prohibición de edificar minaretes fue aprobada por el 58 % de votantes.

R: Mucha gente no fue a votar. Pero Suiza en el fondo no es tan diferente del resto de Europa. Lo que cambia aquí es la forma en la que el pueblo expresa su voluntad en forma de referéndums y por voto directo. Lo cierto es que casi todos los países de Europa hubieran votado lo mismo, si hubieran podido. Yo pienso que los suizos no somos xenófobos, sino ¿cómo se explica usted la ausencia de conflicto social con más de un 20 % de extranjeros residentes en Suiza? Aquí nadie ataca a los inmigrantes, y todo el mundo tiene extranjeros en su familia. El problema en este caso no fue contra los extranjeros en general, sino contra algo simbólico. Aunque la pregunta que me hago es de dónde ha salido el dinero para pagar tal campaña anti minaretes.

P: Estoy de acuerdo que Suiza no es xenófoba. Pero entonces este país tiene mala imagen. ¿Acaso hace falta mejorar el “marketing” nacional?

R: Cierto. ¡Pero hemos creado problemas donde no los había! En toda Suiza apenas hay cuatro minaretes. ¿Dónde está el problema?

P: El personaje central de su libro es una clandestina que no gustaría mucho a la UDC/SVP.

R: No, y justamente algo que me interesa contar en “Siete Años” es esa realidad de docenas de miles de inmigrantes que viven entre nosotros; pero a los que no vemos realmente. Viven en nuestra sociedad y sabemos que limpian nuestras casas y son las cajeras de nuestros supermercados, pero ignoramos todo lo demás sobre ellos.

P: ¿Ha realizado usted investigaciones para preparar el personaje del inmigrante?

R: Efectivamente, he trabajado con la Misión Polaca, que se dedica a ayudar a los inmigrantes en Alemania. Ellos me fueron de gran ayuda. También me ayudó una mujer que se dedica a formar parejas de polacas y hombres alemanes. Un trabajo en el que tiene mucho éxito pues las polacas son a menudo mujeres hermosas, que gustan mucho a los alemanes.

P: De hecho, uno de sus personajes afirma que, “las mujeres del Este no quieren ser hombres”. ¿He aquí el secreto de su éxito?

R: Sin duda, las mujeres del Este son más femeninas que las de Europa Occidental, pero no por ello están “debajo” de sus maridos. Al contrario: tienen absoluto control de sus maridos y sus hogares, solo que lo consiguen por otros medios. Tienen un control total de sus familias pues son mujeres muy fuertes.

P: ¿No cree que el “éxito” de las mujeres de Este, de Tailandia o Brasil en Europa Central tiene un significado? ¿Qué le falta a los hombres? ¿Qué le falta a su protagonista, Alex?

R: Creo que vivimos en un momento de transición. Yo nací en una época en la que las mujeres trabajaban en casa, y para muchos hombres es difícil adaptarse a la mujer de hoy, con su independencia y sus ambiciones propias. Para los hombres de mi edad que vienen de entornos tradicionales, la liberación de la mujer europea fue un poco demasiado rápida.

P: El contraste entre sus dos protagonistas femeninas es total. Sonia representa el éxito y todo aquello a lo que la gente suele aspirar, mientras que Ivona es uno de los personajes menos atractivos de la literatura actual.

R: El personaje de Ivona está inspirado en un texto de Witold Gombrowicz llamado “Ivonne, la princesa de Burgundia” donde la idea de un personaje femenino completamente carente de atractivo me fascinaba. Y luego está Sonia, la arquitecta bella, elegante y sofisticada, a la que podemos considerar como un arquetipo; pero lo cierto es que mujeres como Sonia existen en la vida real. En la primera semana tras la publicación de “Siete Años”, al menos cinco conocidos me dijeron que estaban casados con Sonia. ¡Y no estaban precisamente felices con este hecho! (risas)

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2011

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2011

P: Lo curioso es que usted mismo afirma que Ivona, a pesar de su falta de interés y atractivo, es la única persona feliz de su libro. Mientras que Sonia, la mujer perfecta, es una criatura bastante lamentable.

R: Es cierto. Ivona, la inmigrante ilegal, es feliz por una razón muy simple: está profundamente enamorada. A veces la comparo con una monja, porque están “casadas con Cristo” pero nunca se van a encontrar con él, ni podrán irse de vacaciones con Jesús. (risas) Es como una nena que está “enamorada” de Michael Jackson. Ni siquiera sabe por qué ama a Alex, ni hay una elección consciente del objeto de amor. Simplemente ocurre.

P: En un momento, tras la primera vez que Alex se acuesta con Ivona usted dice que nada en ella le recordaba su “otra” vida ni tenía que dar pruebas de nada. ¿La desea porque la ve como un “ser inferior” en relación a la perfecta Sonia?

R: Sí. La inferioridad de Ivona le excita, pero también él es consciente de su propia inferioridad ante el mundo burgués y perfecto de Sonia. Con ella y su familia Alex siempre se siente inadecuado y debe hacer un esfuerzo para estar a la altura. Con Ivona puede relajar y no ser nada que no es. Puede ser realmente él mismo, sin complicaciones ni problemas. No estar realmente enamorado y no depender emocionalmente funciona muy bien para cierta gente. Es una forma de liberación.

P: Pero usted no juzga nunca a sus personajes. Se limita a describir situaciones.

R: Exacto. Creo que mi trabajo no consiste en juzgarles. No me gusta y no me interesa. Pienso que lo más interesante es que el lector se forme su propia opinión, lo que en el caso de este libro no es fácil, me parece.

P: Pero en un momento califica a Alex de “cerdo”.

R: Cierto, pero es que Alex se comporta como un cerdo. Aunque no quiero decir cuál de mis personajes es un modelo a seguir y cuál no. Eso no es mi trabajo. Pero es verdad que hay muchas formas de amor, y que nadie sabe cuál es la buena. Personalmente, no soporto las relaciones de dependencia, pero hay gente que es feliz así. No es mi caso.

P: ¿Es usted consciente de que muchos periodistas le llaman el “Houellebecq suizo”?

R: Vaya…no estoy muy seguro de que eso sea un halago (risas). Me gustaron “Las Partículas Elementales”, pero no he seguido a fondo su trabajo. Me parece una persona destrozada.

P: ¿Pero no hay una conexión entre su visión tan oscura de la vida y la condición humana y la suya propia?

R: No. Yo creo que mis libros siempre dejan lugar a la esperanza. No soy un autor oscuro. En todos mis libros, mis personajes terminan mejor de lo que empiezan. Y esto a pesar de que a menudo los protagonistas se dan cuenta que viven en matrimonios equivocados, que no funcionan. Pero eso puede ser “otra” forma de final feliz: el darse cuenta que has vivido en un error durante mucho tiempo y poder cambiar las cosas.

P: Otro elemento habitual en muchos narradores de hoy es la infidelidad y la insatisfacción en la pareja.

R: Es evidente que un matrimonio feliz no es muy interesante a nivel literario. Creo que era Flaubert quien afirmaba que, “la felicidad se cuenta mal”. Mientras que la infidelidad es un tema eterno en la literatura, no exclusivamente actual. Cuando tiene usted dos elementos e incorpora un tercero crea conflicto. Y ahí tenemos el drama. Retratar la infidelidad es un desafío interesante, porque es muy versátil y da mucho juego. Las relaciones humanas son extremadamente complejas, con una geometría particular. Dado que la religión ya casi no tiene ningún papel en nuestras vidas, la gente debe decidir lo que está bien y mal. Todo es posible, y eso es lo que hace las relaciones interesantes. De hecho, la ciencia nos enseña hoy que la infidelidad es, casi, el estado natural del ser humano. Y no solo de los humanos.

P: ¿A qué se refiere?

R: He leído sobre aves que viven en pareja estable toda la vida, pero que al mismo tiempo tienen innumerables relaciones paralelas. (risas) Tampoco debemos olvidar que la noción de amor romántico es relativamente reciente en la Historia. Antes la gente se casaba por otras razones, que poco tenían que ver con el amor. Puede que sea una ilusión la idea de que uno se puede casar y ser feliz para siempre con la misma persona, no?

P: De hecho, alguna vez he observado en público que los suizos dan la impresión de casarse con sus “mejores amigos” y vivir juntos casi como hermanos, en una especie de estado fraternal, lo que me granjeó pocas simpatías. Al mismo tiempo, usted afirma en su libro que “la pasión es un sentimiento inferior” en estas latitudes.

R: Hay mucho de cierto en esa afirmación. Mire usted, en ciudades como Zúrich todo el mundo debe ser tan rico, tan guapo y tan glamoroso que las parejas no se forman por amor, sino porque quedan bien juntas y son buen partido. Uno no busca un marido, sino un trofeo que le permita cumplir con las aspiraciones sociales que tiene. O sea, se establecen relaciones casi empresariales entre la gente. En estas sociedades ricas se piensa así: “esta mujer es tan guapa, que me quedará bien. Estaré más guapo aún con ella al lado”. (risas)

P: Hablando de su trabajo, ¿cómo escribe usted? ¿Tiene alguna técnica en particular?

R: No he estudiado escritura ni he hecho nunca talleres literarios. En mi época tales cosas no existían. Ahora hay una escuela de escritura creativa en la ciudad de Bienne, pero no estoy muy seguro de que me guste la idea de una “escuelita para aspirantes a novelistas”. Mi verdadera escuela fue leer mucho y, sobretodo, leer acerca del proceso de la escritura misma. En inglés hay excelentes textos de escritores que analizan el proceso creativo y la escritura de ficción.

P: ¿Y qué aprendió en esos textos?

R: Por ejemplo, de Hemingway he aprendido que no se deben escribir más de 600 palabras al día, porque a partir de esa cantidad la calidad del texto se resiente. Nadie puede mantener la concentración durante ocho horas. Sigo esta regla y me funciona bastante bien.

P: ¿Y dónde busca usted ideas, temas e inspiración?

R: En diarios, en historias que me cuentan, o cosas que me ocurren a mí. Las historias vienen de todas partes. Lo cierto es que no necesito mucho para empezar con un texto.

P: ¿Cuánto tiempo le ha tomado escribir “Siete Años”?

R: Desde el inicio hasta el final unos dos años. Es divertido, porque cuando me pongo a escribir, de alguna manera todo se conecta con mi libro. Todo lo que me pasa, desde ir al cine hasta una charla con un amigo, tiene una conexión al libro y puedo usarlo.

P: ¿Qué autores le han marcado?

R: Los verdaderos maestros son los escritores que leemos cuando tenemos 20 años, porque son los realmente nos forman. Aunque hoy mis favoritos son Don Delillo, entre los contemporáneos, y Stendhal entre los clásicos. Pero la verdad es que no soy para nada una “rata de biblioteca” que se pasa la vida buscando autores raros y releyendo textos clásicos. Yo creo que la literatura debe nacer de la vida, y no de los libros. La realidad me fascina mucho más que lo que puedo encontrar en los libros, aunque me encanta leer.

P: ¿Basarse en la propia vida no lleva consigo el riesgo de practicar una literatura auto referencial? ¿Casi autobiográfica?

R: Creo que no, porque el mundo es tan rico que no me interesa escribir sobre mi vida. En mis libros hay detalles puntuales tomados de mi existencia, pero ninguno relata mi propia vida.

P: ¿Puede presentar “Siete Años” en una frase? ¿De qué trata?

R: Para mí no es tan importante el “tema” como la escritura en sí. La historia es relevante para los lectores, pero para los escritores lo que cuenta es el lenguaje y cómo lo usamos. O el uso del tiempo.

P: Pero usted parece escribir “fácil”. No es de esos escritores que parecen pasar la mayor parte del tiempo buscando la expresión más rebuscada para decir algo.

R: Cierto. Hay escritores que vienen de la lengua, y escritores que vienen del mundo real. Yo pertenezco al segundo grupo. Pienso que la literatura debe nacer de la vida, y no de la lectura de libros. A mí nunca me ha interesado jugar con las formas y las palabras. La literatura es para mí un medio de recrear la realidad, y es por eso que no estoy interesado en hacer gala de mis proezas técnicas con la lengua, o de cuántos sinónimos conozco. Mi ideal es conseguir que los lectores olviden que están leyendo un libro, y eso solo se consigue usando un lenguaje en apariencia simple.

La versión editada de esta entrevista fue publicada por “Babelia”, suplemento literario del diario “El País”, el 22 de octubre de 2011.

Enlace:

http://www.elpais.com/articulo/portada/Destinos/cruzados/elpepuculbab/20111022elpbabpor_8/Tes

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Acerca de rccouto
Periodista y fotógrafo residente en Suiza

2 Responses to Entrevista Peter Stamm

  1. María J says:

    Muchas felicidades. Excelente entrevista, muy interesante!

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