Entrevista Claude Nobs

Fundador y Director del Montreux Jazz Festival

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

Claude Nobs 1 ED

Copyright foto: Rodrigo Carrizo Couto

Nota introductoria: Publico esta charla en su versión integral el mismo día que nos enteramos de la muerte de Claude Nobs. Una entrevista que (lo confieso) no comenzó con buen pie, pero que se fue enderezando a medida que la charla avanzaba y Nobs pudo dar rienda suelta a sus memorias. Al final la media hora prevista terminaron siendo casi dos horas de conversación en los jardines de su apabullante chalet con vistas al Lago Leman.

Claude Nobs era, sin ninguna duda, una persona apasionada de todo corazón por lo que hacía, y de una energía inagotable. Alguien muy lejano a los gestores y administradores formateados que suelen vomitar las escuelas de negocios de hoy en día. De hecho, no era nada raro ver a Nobs subir a los escenarios del “off festival” a las 4 o 5 de la mañana para tocar la armónica con sus amigos los músicos. Y es que con la muerte de Nobs se cierra una una cierta época de la cultura europea.

En los últimos años, graves problemas de salud llevaron a Nobs a ir dejando poco a poco las riendas de “su” festival en manos de una nueva generación de administradores. La cartelera del festival se fue haciendo más y más previsible y el peso asfixiante de las directivas de los todopoderosos espónsors se fueron haciendo cada vez más evidentes. Con la muerte de Nobs se abren interrogantes sobre el futuro de un festival que llegó a ser una referencia planetaria indiscutible; pero ahora el tiempo dirá si el evento cultural más famoso de Suiza puede seguir adelante sin su padre y creador.

Entrevista:

La agenda de teléfonos de Claude Nobs podría, muy posiblemente, poner verde de envidia al más pintado de los productores o agentes musicales del planeta. El hombre que fuera definido por Quincy Jones como “uno de los más grandes promotores culturales de la historia” nació hace 70 años en Territet, a pocos minutos de la pequeña localidad balnearia de Montreux, en la Suiza francesa. De origen modesto (su padre era panadero), Nobs comenzó su carrera en la gastronomía antes de pasar a ocupar un puesto en la Oficina de Turismo de Montreux. Desde ese despacho, Nobs iba a reinventar el concepto de festival, tal como lo entendemos hoy, gracias a un encuentro “milagroso” en Nueva York con Nesuhi Ertegun, patrón de Atlantic Records.

“Yo soñaba con hacer conocer mi pequeña ciudad en los Estados Unidos”, confiesa cuarenta años más tarde el padre del Festival de Jazz de Montreux. Amigo de leyendas de la música como Miles Davis, Astor Piazzolla, Bill Evans, Tom Jobim, Freddie Mercury, David Bowie, Santana o B.B.King, este hombre logró elevar a Montreux al Olimpo de los festivales y convirtió su ciudad en sinónimo de calidad y consagración para culaquier músico moderno.

La Fundación del Festival de Montreux guarda igualmente en salas especiales un tesoro único protegido contra fuego, terremotos o (fuera de broma) bombas atómicas: se trata de la base de datos audio y vídeo de los 39 años de historia que han visto desfilar 4000 grupos y solistas. Esta colección constituye, según el cotidiano de Ginebra “Le Temps”, “el más importante testimonio de música en vivo jamás grabado en el marco de un sólo y único festival”. Montreux guarda en el recuerdo momentos inolvidables como el concierto que el 8 de julio de 1991 Miles Davis diera junto a Quincy Jones reinterpretando los colosales arreglos de Gil Evans para los discos “Sketches of Spain”, “Miles Ahead” y “Porgy & Bess”. Esa sesión legendaria sería el testamento musical del trompetista, que moriría dos meses más tarde.

El “padre” del festival convive desde hace 15 años con su pareja masculina: Thierry Amsallem, y superó hace pocos meses una delicada operación de corazón a vida o muerte. Claude Nobs ha sido recientemente votado por sus compatriotas como “el hombre vivo que más ha hecho por la promoción de Suiza”. Esta charla exclusiva tuvo lugar en su chalet “Le Picotin” en las increíbles montañas que rodean el Lago Léman, días antes del inicio del 40 Festival de Jazz de Montreux.

P: ¿Cómo comenzó la aventura de Montreux?

R: Yo tuve un sueño en 1967: quería que mi pequeña ciudad fuera conocida en los Estados Unidos. Comenzamos con un primer presupuesto modesto de 6000 euros, y mis modelos eran los festivales de Newport y Rhode Island. En esa época, Newport congregaba 10.000 personas por noche mientras que nosotros estábamos contentos de juntar a 600 personas en el Casino. El año pasado pasaron por Montreux 240.000 personas. La idea original era exclusivamente jazz, aunque luego fuimos mezclando músicas diversas. Comencé a traicionar a los puristas del jazz en los 70 cometiendo un crimen de “lesa majestad”: programar algo que no fuera jazz puro. Afortunadamente, cada año desde entonces convocamos a más y más músicos de otros horizontes.

P: ¿Cuál es su secreto? ¿Es cierto que Suiza paga, junto con Japón, los honorarios más elevados del mundo a los artistas?

R: La magia de Montreux consiste en que generamos encuentros de músicos y conciertos que no se repetirán jamás en ninguna otra parte del mundo. Eventos únicos como las convocatorias de este año dirigidas por Santana. La idea central de Montreux es que los músicos puedan salir de los caminos trillados y dejen de tocar sus repertorios habituales. Los músicos no vienen aquí sólo por el dinero pues, a menudo, reciben mejores propuestas económicas en otros festivales. Pero nosotros les tratamos de manera regia y les ofrecemos las mejores condiciones existentes en el mundo a nivel de sonido, grabación y tecnología de vídeo. De hecho, el pianista Bill Evans llegó a ganar un Grammy en 1968 con un disco grabado en vivo en Montreux. Les dejamos hacer programas excepcionales, nuestras pruebas de sonido son de verdad y, además, si se pasan del tiempo pactado tocando ningún programador va a venir a molestarles o cortarles la corriente.

P: Se cuentan jugosas anécdotas de su relación con los músicos. Muy en particular con Miles Davis.

R: A Miles le gustaba una de mis camisas (risas). Me la quité y se la ofrecí, lo cual le pareció alucinante. Igualmente pidió una Ferrari descapotable y se la conseguimos. El único inconveniente es que él la quería negra y se la conseguimos roja. Todos estos detalles prueban que mi mayor interés es hacer feliz al artista.

P: ¿Tiene algún recuerdo especial de su amistad con Miles Davis?

R: Miles venía a menudo a mi casa a escuchar música y yo siempre le ponía discos de jazz, hasta que un día, harto, me dijo: “pon rock’n’roll o funk”. Yo le pregunté: ¿“es que no te gusta el jazz?”. Y él me respondió: “el jazz es una mierda”. Era todo un personaje. Era único y todo el mundo le tenía miedo. Un día aceptó dar una conferencia de prensa a pedido personal mío, cosa excepcional en él. Llegó vestido de negro y con sus inseparables gafas de sol. Miró a los treinta periodistas reunidos en el Palace y su efecto intimidador fue tal que ninguno se atrevió a hacerle la más mínima pregunta.

P: ¿Cómo consigue fidelizar a tal punto a los músicos?

R: A menudo la fidelidad de un artista no se consigue con dinero sino con pequeños detalles. Aretha Franklin dió sus primeros conciertos en Europa invitada por mí aunque le pagaba muy poco dinero. El detalle que la convenció fue que le hice llegar dos cajas de los mejores chocolates suizos y le encantaron. Los dulces compensaron su cachet habitual. Herbie Hancock lleva 23 años viniendo a tocar a Montreux sin jamás repetir sus acompañantes ni el programa de su repertorio.

Quincy Nobs

Claude Nobs y Quincy Jones
Copyright foto: Rodrigo Carrizo Couto

P: En Montreux se han grabado numerosos discos históricos. Pienso en un memorable concierto de Elis Regina y Hermeto Pascoal.

R: Elis Regina vino a Montreux, al igual que Hermeto Pascoal o Tom Jobim, invitada por André Midani, presidente de la WEA Brasil. El fue el primero en traer a los músicos de Brasil a Europa. Al final del célebre concierto de Elis en el Casino le propuse: “¿y si Hermeto sube a tocar con ella?”. A lo que me respondió: “¿estás loco? ¡Hermeto no puede ser acompañante de Elis Regina!”. Igualmente, yo se los propuse y accedieron encantados a grabar unos temas juntos para ese disco histórico. En general esas locuras me salen bien porque soy como un niño que no tiene miedo de pedir.

P: Siempre intentar el más difícil todavía.

R: Sí. Yo no soy un productor ni un agente. A ellos sólo les interesa llenar la sala y ganar dinero. Yo voy siempre mucho más allá.

P: Otra unión histórica: el “nuevo tango” de Piazzolla – Burton.

R: La unión de Astor Piazzolla y Gary Burton en el Casino fue una idea de Nesuhi Ertegun, el legendario productor. A Gary Burton le produjo un ataque de pánico la idea de tocar una obra escrita hasta la última nota, sin poder improvisar y con un grado de dificultad excepcional. Al final, el concierto y el disco fueron un triunfo. Piazzolla era un tipo difícil que siempre estaba a la defensiva pensando que alguien le quería quitar lo que era suyo pero, una vez establecida la confianza, era un hombre encantador. A él le gustó mucho mi relación con Camarón de la Isla, y eso facilitó mucho las cosas. Incluso llegó a realizar en Montreux el estreno mundial de su Concierto para Bandoneón y Orquesta con la Sinfónica de Lille. Algo que muy poca gente sabe, dado que ese concierto nunca salió en disco.

P: ¿Cuál es su relación con España?

R: Muy estrecha. Siempre he tenido una buena relación con España y el mundo latinoamericano. Aquí han tocado desde Maná y Café Tacuba hasta Presuntos Implicados pasando por Fito Páez o el mítico Camarón de la Isla. Paco de Lucía es un invitado de lujo muy regular que se ha presentado varias veces, tanto con su grupo como a dúo con su amigo John McLaughlin. Incluso Montserrat Caballé ha cantado aquí con el popular grupo de rock suizo Gotthard.

P: No es muy conocido que Freddie Mercury pasó los últimos años de su vida en Montreux. ¿Cómo fue su relación con el inolvidable cantante de Queen?

R: El y yo eramos buenos amigos e incluso le he prestado mi casa una temporada mientras preparaban la suya. Su verdadero sueño fue siempre ser cantante de ópera, y pudo hacerlo realidad cantando “Barcelona” con su adorada Montserrat Caballé. De todas maneras, él nunca cantó en Montreux pues esta ciudad era su hogar y prefería mantener una privacidad.

P: ¿Qué piensa de la actual proliferación de festivales musicales?

R: La cuestión de la competencia en Europa de los festivales de verano es una auténtica locura. ¡Sólo en Suiza hay más de 100! Basta con alquilar un descampado y montar un escenario para que cualquiera se crea promotor de conciertos sin tener ni idea de lo que significa el tema. No tienen ninguna preparación ni criterio. Esta situación no puede continuar. Se caerá de su propio peso.

P: ¿Y la “plaga” de concursos televisivos de aspirantes a cantantes, que arrasan Europa?

R: Estos concursos son tan patéticos que no merecen mayores comentarios. Todo está fabricado y huele a plástico. Sólo es “look” sin corazón ni talento.

P: Las entradas en Montreux son muy caras, incluso para la riquísima Suiza. ¿Eso no impide el acceso a numerosas personas que podrían estar interesadas en el festival?

R: Dicen que Montreux es muy caro, pero no somos un “ghetto”. Aquí hay numerosas actividades que se pueden disfrutar sin pagar una entrada. Cualquiera puede venir y vivir el ambiente del Montreux Jazz. No somos tan caros. San Sebastián o Vitoria a veces tienen entradas más caras que nosotros por el mismo concierto y, sin duda, los conciertos clásicos de primer nivel son mucho más caros.

P: A menudo, los “puristas” critican a Montreux su marcado eclecticismo que permite ver en una misma noche a Alice Cooper y Joao Gilberto. ¿Qué le respondería a sus detractores?

R: Hemos logrado un milagro, que es fidelizar a tres generaciones de público. Una familia puede venir junta a Montreux y, mientras que los abuelos de 60 van al Casino a oír a Juliette Gréco, los padres de 40 van a ver a Sting en el Auditorio Straviniski y los hijos de 17 van a ver a los Black Eyed Peas en la Miles Davis Hall. Y todos tan contentos.

P: Usted ha convertido el nombre del Montreux Jazz Festival en una marca exportable. Una especie de franquicia multinacional.

R: Montreux es la única manifestación cultural del mundo presente en cuatro continentes gracias a nuestras ramas en Singapur, Tokyo, Atlanta, San Pablo y Praga.

P: Hablemos un poco de dinero. ¿Cuál es el presupuesto del festival? ¿Tiene ayudas públicas o subvenciones?

R: El presupuesto de Montreux este año es de 12 millones de euros para 16 días de festival. No recibimos ninguna subvención ni ayuda del estado suizo o del cantón, y la ciudad de Montreux sólo nos proporciona ciertas infraestructuras. El dinero proviene de la venta directa de entradas, espónsoring privado, y restauración.

P: ¿Cómo ve el futuro del jazz, desde su posición priviliegiada?

R: Hay muchos jóvenes muy dotados y con gran técnica a los que les falta lo que tenían Miles, Coltrane, Bill Evans o Charlie Parker: simplemente, el genio y la capacidad de emocionar. De todas formas, hay que decir que el jazz no ha muerto. Pero no veo mucho futuro en las actuales fusiones sin criterio.

P: ¿Cuál es el balance de estos 40 años de la “madre de todos de festivales”?

R: Para mí, aprovechar la vida es trabajar cada día, incluidos los sábados y domingos. Mi pasión por este oficio no sólo no se reduce con los años sino que aumenta. Aunque mantener este ritmo no siempre es fácil.

P: Aunque a veces lo parezca, usted no es eterno. ¿Qué será del Festival de Montreux el día que Claude Nobs no esté?

R: El día que me retire el relevo está asegurado. Estoy rodeado de jóvenes de gran talento que se ocuparán del festival y podrán volar solos. Lo que me pone triste es que no parecen establecer amistad y estrechos vínculos personales con los artistas como he hecho yo. Pero vivimos en otra época, supongo.

Rodrigo Carrizo Couto

Le Picotin, Caux

Junio de 2006

La versión editada de esta entrevista fue publicada en “El País” el 29 de junio de 2006

http://elpais.com/diario/2006/06/29/cultura/1151532010_850215.html

Entrevista con Ute Lemper

La cantante alemana Ute Lemper (Münster, 1963) saltó a la fama mundial gracias a su rol protagonista en el musical “Chicago”, estrenado en Londres, y a discos en los que recrea desde el universo de la “chanson” francesa hasta la ópera moderna de entreguerras creada por Kurt Weill y Bertolt Brecht. La polifacética cantante, actriz, modelo, bailarina, escritora y artista plástica accedió a esta charla exclusiva previa a su concierto en el Stadtkasino de Basilea, Suiza.

Ute Lemper - Lucas Allen

En esta ocasión, la diva alemana presenta un nuevo proyecto en el que recrea el universo musical de Astor Piazzolla. De Basilea, Lemper parte para Francia, el Reino Unido y España antes de cruzar el Atlántico para una gira en los Estados Unidos. A lo largo de la charla rememora su relación con Piazzolla y el tango, las ciudades que marcaron su carrera y habla de sus proyectos futuros.

P: Hablemos de Astor Piazzolla. ¿Cómo descubrió su música?

R: Estoy familiarizada con su obra desde hace mucho tiempo. Conocí a Piazzolla en los años 80 porque teníamos el mismo agente en París. Hablamos de hacer algo juntos, pero yo era demasiado joven en ese entonces. Apenas tenía 20 años y no estaba preparada para meterme a fondo en su música, con tanta carga cultural. Por tanto, la soñada colaboración nunca tuvo lugar.

P: ¿Y cómo llega entonces al presente proyecto?

R: Desde hace unos seis o siete años, incluyo un par de canciones de Astor en mi repertorio habitual. Y luego llegó un productor de Londres con una idea maravillosa: interpretar los tangos de Piazzolla con sus músicos originales!

P: ¿Y qué tal es la experiencia?

R: ¡Al comienzo yo estaba aterrorizada! Me dije a mí misma: “Esto no es ninguna broma. ¡No puedes cometer errores cantando con el Quinteto original de Astor Piazzolla!” (risas) Fue todo un desafío a mí misma, especialmente porque canto muchas de las canciones en el español original. Pero cuando finalmente lo intenté, me enamoré. Simplemente, no pude resistirme a este proyecto. Cuanto más oía esta música, más me enamoraba. Fui embrujada. Me emborraché de tango.

P: ¿Realmente canta usted en español?

R: La mayoría es en español, pero para algunas canciones escribí yo misma adaptaciones. Algunos temas son tan típicamente de Buenos Aires que pensé que sería interesante traerlas hasta mi universo europeo. Hay canciones en inglés, francés y alemán. Y creo que funcionan realmente bien, porque amo escribir y me fascina trabajar letras de canciones. Intento transferir algo del espíritu de Buenos Aires a Europa. Aunque, de hecho, Piazzolla fue un hombre que hizo suyas ciudades como París y Nueva York. Fue un verdadero cosmopolita que vivió en el extranjero muchos años y que en parte por eso enfureció a los tradicionalistas con su revolucionaria concepción del tango.

P: ¿Cómo era Piazzolla con usted?

R: Recuerdo muy bien nuestro primer encuentro. Fue en el hermoso Hôtel Raphaël, de París. Él fue muy amable conmigo, pero yo me sentía tan honrada y llena de respeto que casi no pude hablarle (risas). Pero entonces yo era muy joven, y tenía tanto que aprender. Estaba lanzando mi propia carrera y mi misión era, y en cierta medida sigue siendo, traer a nuestra época las canciones de la República de Weimar. Quiero hablar de mi país y su pasado para las nuevas generaciones. Yo necesitaba hacer ese viaje antes de ponerme a trabajar en un repertorio no está tan íntimamente ligado a mi propio pasado en tanto que alemana.

P: ¿Cómo es trabajar con los músicos de Piazzolla?

R: Esta gira mundial comenzó en marzo en Hong Kong, y debo decir que es algo fabuloso. ¡Un auténtico fuego de artificio! ¡Estos músicos son fantásticos! El pulso de la música nos rodea, está en todas partes. Son maestros absolutos de la música y de sus instrumentos. La banda es una mezcla de jóvenes y viejos, y lo que me sorprende es comprobar cómo el tango está vivo, gracias a que estas jóvenes generaciones en Argentina están tan interesadas es esta música y la comprenden tan bien.

P: Usted parece tener una relación especial con Buenos Aires.

R: Absolutamente. Voy muy a menudo a Argentina. Me encanta el Teatro Colón, que es un espacio magnífico. Me siento a gusto en Buenos Aires, y he vuelto muchas veces en los últimos 15 años. Cada vez que voy, aprendo algo nuevo sobre el tango y su espíritu. Amo a la gente, sus cafés y sus clubes. Es una ciudad muy interesante, sin duda. Realmente, siento que en Buenos Aires tengo mi público, y he hecho mía a la Argentina. De hecho, ¡no puedo creer que voy a Buenos Aires tan a menudo! (risas)

P: Pero varias ciudades parecen muy importantes en su vida.

R: Cierto. Hay una parte de Berlín en todo lo que hago. Incluso cuando canto tangos, traigo a Berlín en mi equipaje. Y luego está París, por supuesto. Pero ahora soy una neoyorquina, feliz de vivir en esta ciudad magnífica, llena de diversidad. Siento la fuerte influencia de su música. La energía en Nueva York es muy especial, y diferente al resto del mundo. Pero también tengo una relación de amor muy especial con Barcelona, una ciudad que adoro. Siempre es maravilloso cantar en el Palau de la Música, donde estaré de nuevo en enero.

P: Piazzolla grabó muchas de sus canciones en un disco mítico realizado en París, en 1984, junto a la cantante italiana Milva. ¿Tuvo esa grabación alguna influencia en su manera de acercarse a este repertorio?

R: Milva pertenece a otra generación, pero siendo adolescente la escuché cantar muchas de estas canciones, y debo admitir que era fabulosa. Es fantástico lo que hizo con los tangos de Piazzolla. Aparte, era una mujer hermosa, con una voz estupenda y una presencia teatral que conviene a este repertorio. Su trabajo ciertamente me inspiró preparando esta gira.

P: ¿Cabe esperar un disco de tango tras esta gira?

R: Sin duda. De hecho, estamos grabando esta gira mundial, y sacaremos un disco en directo tarde o temprano.

P: ¿Podemos hablar de sus influencias musicales?

R: Mi viaje musical es largo, y consta de muchos capítulos. La base viene del cabaret alemán de entreguerras y la música para teatro. Luego están, obviamente, los franceses: Leo Ferré, Jacques Brel y Edith Piaf. La comedia musical es importante también. Y hoy disfruto cada vez más de escribir mis propias canciones.

P: Si tuviera que elegir solo un CD de su extensa discografía para presentar su trabajo a alguien que no la conoce, cuál sería ese disco?

 R: Es muy difícil elegir. Supongo que sería uno de mis discos de Kurt Weill, en los inicios de mi carrera. O mi último CD, “Between Yesterday and Tomorrow”, que presenta mis poemas. Aunque lo cierto es que es divertido, pero no me reconozco totalmente en ninguno de los discos que he hecho. La artista que soy es un rompecabezas hecho de muchas piezas distintas, y cada una de ellas es un disco.

P: ¿Cuál es su relación con Suiza?

R: He cantado muchas veces en Montreux Jazz Festival, que es fantástico. Pero no me he presentado en Basilea en al menos una década, lo que hace el concierto de este domingo algo especial. Tengo igualmente recuerdos imborrables de una colaboración con el gran Maurice Bejart y su ballet de Lausana, hace muchos años. De hecho, es curioso pero tengo una relación más profunda con la Suiza de habla francesa. Y, por supuesto, adoro esquiar! (risas) Pero casi no lo hago más porque he tenido unos problemas de espalda, y ahora me da miedo.

P: ¿Cabe la posibilidad de volver a verla actuar en cine?

R: No lo creo. Puede que vuelva a participar en alguna película en el futuro, pues nunca puedes decir nunca. Pero lo cierto es que el cine no es una prioridad para mí en estos momentos. Como usted sabe, tengo un montón de hijos (risas) y eso hace que sea cada vez más difícil dejarles solo por uno o dos meses para ir a rodar. Mi carrera de cantante es más fácil de controlar, aunque ya es bastante complicado conciliar vida familiar y canto profesional. Añadir el cine sería demasiada carga.

P: ¿En qué trabaja usted en estos momentos? ¿Cuáles son sus proyectos futuros?

R: Estoy musicalizando poemas de Charles Bukowski. Es un proyecto muy experimental, cercano al teatro. He escogido 24 poemas suyos. La música es directa y cruda, como su escritura. Estoy muy entusiasmada con este proyecto porque es realmente muy “underground”. También preparo una gira con Cuarteto Vogler, de Berlín, en el que interpretaremos un material más clásico, que va de Hans Eisler a Brecht & Weill o canciones rusas. Es algo cercano al concepto de “world music”. Muy ecléctico, pero bien orquestado.

P: ¿La veremos en España?

R: Sí, claro. Presentaré los tangos de Piazzolla en Pamplona y Barcelona. En cuanto al “Proyecto Bukowski” lo haremos igualmente, a dúo con el director de teatro Mario Gas, que leerá los poemas mientras yo me ocuparé de la parte musical. Pero, de todas maneras, como usted sabe acabo de tener un bebé…y este es mi mayor proyecto en estos momentos. ¡Ocuparme de mi hijo! (risas)

Ute Lemper

Nace en Münster, Alemania, en 1963. Realiza estudios de canto y danza en Colonia, Alemania, y en el Seminario Max Reinhardt, de Viena. Salta a la fama gracias a su rol protagonista en la comedia musical “Cats”, producida en Viena. Posteriormente será la estrella de “Chicago” en Londres, lo que le valdrá un Lawrence Olivier Award.

En los años 90 desarrolla un creciente interés por la música del periodo entre las dos guerras mundiales y se especializa en la obra de Kurt Weill y Bertolt Brecht. Su extensa discografía incluye títulos como “Illusions”, “City of Strangers”, “Punishing Kiss” o “But One Day”. Ha colaborado con músicos de la talla de Tom Waits, Elvis Costello o Philip Glass. Ha participado como actriz en las películas “Prèt-à-porter”, de Robert Altman, “Prospero’s Books”, de Peter Greenaway, o “L’Autrichienne”, de Pierre Granier-Deferre, entre otras.

Entrevista realizada en Basilea, Suiza, en noviembre del 2011

El reportaje de este encuentro fue publicado por el diario “El País”  el 28 de noviembre de 2011.

Enlace:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Tangos/sabor/Berlin/elpepucul/20111128elpepucul_10/Tes

Entrevista Peter Stamm

El autor suizo Peter Stamm en su casa de Winterthur

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2011

“La literatura debe nacer de la vida, no de los libros”

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

“Cuando llegue usted a la estación, quédese esperando en el andén. Cuando todo el mundo se haya ido, verá un hombre solitario dando vueltas. Ese seré yo”. Así reza el correo electrónico que envía al cronista uno de los escritores en lengua alemana más celebrados de nuestros días. Sin duda, una presentación irónica y desenfadada; que casa mal con la imagen que en el sur de Europa solemos tener de Suiza, país rígido y (supuestamente) carente de atractivo más allá de sus bancos y el chocolate.

Pero Peter Stamm no parece adherir al estereotipo que tenemos de sus compatriotas. Se presenta sin solemnidades, con una camisa que bien podría agradecer la visita de una plancha, y sin afeitar. Encima se permite fumar en estos tiempos de neurosis sanitaria obsesiva.

Y hablando de salud, es innegable que este escritor recuerda a otro personaje celebrado por su humor y su incorrección política: el médico televisivo Gregory House, encarnado por el actor británico Hugh Laurie. Tras observar un instante al visitante, el autor de “Siete Años” replica irónico al comentario: “No sé bien si tomar eso como un halago, o como una crítica”.

Nacido en 1963 en el cantón oriental suizo de Turgovia, Peter Stamm hizo de todo en su vida: desde descargar aviones hasta ser contable y desde promocionar Suiza en los Estados Unidos a colaborador de una revista satírica. Su última novela, “Siete Años”, se inicia en 1989, en plena caída del Muro de Berlín y llega hasta nuestros días. La novela cuenta la historia de Alex y Sonia, una exitosa pareja de arquitectos alemanes, y su relación a lo largo de más de dos décadas con Ivona, una inmigrante ilegal polaca que cambiara sus vidas para siempre.

“Tuve la suerte de conocer a mi agente en una fiesta de cumpleaños”, explica Stamm acerca de sus inicios, “y a partir de allí todo fue muy rápido en mi carrera”. Esta extensa entrevista tuvo lugar a principios de octubre de 2011, en la casa que Peter Stamm comparte con su pareja y dos hijos en un elegante barrio burgués en Winterthur, cerca de Zürich.

P: Usted se formó como contable, pero tiene una amplia experiencia trabajando como periodista. ¿En qué sentido ese oficio ha influido en su forma de trabajar?

R: Yo llegué al periodismo casi de casualidad. A los 20 años decidí que quería ser escritor, pero me formé como contable porque no tenía ningún interés en continuar con mis estudios. Luego hice varios semestres aquí y allí intentando prepararme para ser escritor. Fue así que escribí un breve texto que mostré a un amigo, quien me recomendó que lo presentara en un diario.

P: ¿Pero vivía usted del periodismo independiente?

R: Sí. Comencé trabajando para una revista satírica en la que muy pronto tuve un lugar. Aunque lo cierto es que éramos apenas tres o cuatro personas para sacar la publicación adelante y yo hacía de todo: desde crítica cinematográfica a textos de humor, parodias o pequeñas obras de teatro. Luego gracias a un amigo fotógrafo pude comenzar a trabajar haciendo grandes reportajes de tipo casi literario para revistas y suplementos dominicales. Algunos de mucho prestigio en Suiza, como el “Neue Zürcher Zeitung”. Me ganaba bien la vida, pues algunos textos se pagaban a casi 3.000 euros.

P: Eran otros tiempos

R: Sin duda (risas). Creo que hoy es imposible cobrar sumas así. Lo cierto es que ya casi nadie hace este tipo de periodismo hoy en día.

P: Sigamos con su carrera.

R: Pues con el cambio de dirección en la empresa, consideré que no podía seguir trabajando con ellos. En mi opinión, adoptaron una línea editorial incorrecta. Es así que me quedé sin empleo de la noche a la mañana, lo que me hizo concentrarme en la escritura de ficción. Publiqué mi primer libro en 1998, pero no podía vivir de la escritura. Gradualmente, pude alejarme del periodismo, aunque a veces aún escribo. Por ejemplo, a pedido del “New York Times”.

P: ¿Y en qué medida la práctica del periodismo le ayudó?

R: Es muy importante tener la posibilidad de publicar tus textos y tener que respetar plazos de entrega. Muchos aspirantes a escritores se quedan trabajando en sus textos durante años y años, lo que termina siendo una forma de diletantismo. El periodismo me sirvió también para comprender que no era un genio, pero tampoco un fracaso total como escritor. Otra cosa importante es la disciplina y la capacidad de discriminar entre tus propios escritos para saber diferenciar lo que es bueno de lo que no lo es. Cuanto más escribes, mejor trabajas la materia prima que es tu lengua.

P: ¿Ve a sus personajes como arquetipos de la Europa Central?

R: Nunca me han gustado los escritores que escriben sobre lo que no conocen. Encuentro barato hablar de las clases trabajadoras si uno no pertenece a ellas. Supongo que te hace parecer interesante usar personajes extremos, como alcohólicos o drogadictos. Pero yo escribo de europeos “normales” porque yo soy uno de ellos. Les entiendo bien.

P: ¿Cuál es su relación con España?

R: No tengo un gran contacto. Conozco bien Barcelona, pero poco más. Apenas he visitado Madrid en una ocasión.

P: ¿Y cómo imagina que el lector español se relaciona con sus personajes, tan centroeuropeos?

R: Es interesante, porque mis libros ya han sido traducidos a 36 idiomas. Creo que mis historias hablan de relaciones entre hombres y mujeres; y eso interesa a todo el mundo. En China la gente llegará a entender el tema. De hecho, tuve un encuentro muy gracioso una vez con un ruso que me contaba que “Agnès”, mi primer libro, era exactamente su historia, pues aunque venía de un universo totalmente distinto, podía entender perfectamente de qué se trataba. Eso es lo maravilloso de la literatura. Que yo puedo leer a Chéjov, un señor ruso que vivió hace más de 100 años, y sentirme plenamente identificado con su universo.

P: En su biografía se dice que usted vivió temporadas en Nueva York, Londres y París. ¿Haciendo qué exactamente?

R: Durante medio año he trabajado para la oficina de promoción de Suiza en el extranjero pues mi hermana colaboraba con ellos. Luego pude pasar una temporada en Londres, pero ya invitado como escritor.

P: ¿Y cómo pasa uno de vivir en Nueva York a la serenidad de Winterthur? ¿No le tentó el “sueño americano”?

R: La verdad es que no. Me gustó mucho la experiencia, pero no quisiera vivir en grandes ciudades nunca más. Especialmente teniendo hijos pequeños. No tiene usted más que mirar por la ventana y ver el jardín y los bosques que tenemos aquí. Nunca en la vida podría permitirme vivir en una casa con árboles y jardines en Nueva York, a no ser que fuera un banquero suizo. (risas)

P: ¿Por qué “Siete Años” transcurre en Alemania y no en Suiza?

R: Prefiero escribir acerca de lugares que no conozco muy bien. Cuando estás habituado a un lugar pierdes la capacidad de “verlo” en un sentido profundo. De observación. Múnich es una ciudad que conozco poco, lo que me permite verla con ojos nuevos.

P: ¿Por qué Múnich?

R: Porque es una ciudad que le sienta bien a esta pareja formada por Alex y Sonia. Múnich es una ciudad de gente guapa, elegante y con éxito. No tiene nada que ver con Berlín. De hecho, se parece a Zúrich en el esnobismo de sus clases medias. Yo he vivido cinco años en Zúrich y la considero una ciudad demasiado “chic”, con unos habitantes demasiado seguros de sí mismos. Para ser realmente aceptado en Zúrich hace falta disponer de una billetera bien llena.

P: Hablando de Zúrich, antes usted comentaba que se alejó del “Neue Zürcher Zeitung” dada su línea editorial. De hecho, Suiza es un país muy mal conocido en el resto de Europa, y una de las razones es el enorme peso de la derecha política y nacionalista. ¿Cree usted que se entiende a su país afuera, o solo se habla de lo malo?

R: Lo más conocido en Europa es el partido SVP/UDC (Partido Popular de Suiza) y sus iniciativas contra los minaretes o la inmigración no europea. Son realidades que me desagradan y con las que estoy totalmente en desacuerdo. Es difícil creer que el 30 % de los suizos estén de acuerdo con su visión del mundo y voten por ellos.

P: Pero nos guste o no, la prohibición de edificar minaretes fue aprobada por el 58 % de votantes.

R: Mucha gente no fue a votar. Pero Suiza en el fondo no es tan diferente del resto de Europa. Lo que cambia aquí es la forma en la que el pueblo expresa su voluntad en forma de referéndums y por voto directo. Lo cierto es que casi todos los países de Europa hubieran votado lo mismo, si hubieran podido. Yo pienso que los suizos no somos xenófobos, sino ¿cómo se explica usted la ausencia de conflicto social con más de un 20 % de extranjeros residentes en Suiza? Aquí nadie ataca a los inmigrantes, y todo el mundo tiene extranjeros en su familia. El problema en este caso no fue contra los extranjeros en general, sino contra algo simbólico. Aunque la pregunta que me hago es de dónde ha salido el dinero para pagar tal campaña anti minaretes.

P: Estoy de acuerdo que Suiza no es xenófoba. Pero entonces este país tiene mala imagen. ¿Acaso hace falta mejorar el “marketing” nacional?

R: Cierto. ¡Pero hemos creado problemas donde no los había! En toda Suiza apenas hay cuatro minaretes. ¿Dónde está el problema?

P: El personaje central de su libro es una clandestina que no gustaría mucho a la UDC/SVP.

R: No, y justamente algo que me interesa contar en “Siete Años” es esa realidad de docenas de miles de inmigrantes que viven entre nosotros; pero a los que no vemos realmente. Viven en nuestra sociedad y sabemos que limpian nuestras casas y son las cajeras de nuestros supermercados, pero ignoramos todo lo demás sobre ellos.

P: ¿Ha realizado usted investigaciones para preparar el personaje del inmigrante?

R: Efectivamente, he trabajado con la Misión Polaca, que se dedica a ayudar a los inmigrantes en Alemania. Ellos me fueron de gran ayuda. También me ayudó una mujer que se dedica a formar parejas de polacas y hombres alemanes. Un trabajo en el que tiene mucho éxito pues las polacas son a menudo mujeres hermosas, que gustan mucho a los alemanes.

P: De hecho, uno de sus personajes afirma que, “las mujeres del Este no quieren ser hombres”. ¿He aquí el secreto de su éxito?

R: Sin duda, las mujeres del Este son más femeninas que las de Europa Occidental, pero no por ello están “debajo” de sus maridos. Al contrario: tienen absoluto control de sus maridos y sus hogares, solo que lo consiguen por otros medios. Tienen un control total de sus familias pues son mujeres muy fuertes.

P: ¿No cree que el “éxito” de las mujeres de Este, de Tailandia o Brasil en Europa Central tiene un significado? ¿Qué le falta a los hombres? ¿Qué le falta a su protagonista, Alex?

R: Creo que vivimos en un momento de transición. Yo nací en una época en la que las mujeres trabajaban en casa, y para muchos hombres es difícil adaptarse a la mujer de hoy, con su independencia y sus ambiciones propias. Para los hombres de mi edad que vienen de entornos tradicionales, la liberación de la mujer europea fue un poco demasiado rápida.

P: El contraste entre sus dos protagonistas femeninas es total. Sonia representa el éxito y todo aquello a lo que la gente suele aspirar, mientras que Ivona es uno de los personajes menos atractivos de la literatura actual.

R: El personaje de Ivona está inspirado en un texto de Witold Gombrowicz llamado “Ivonne, la princesa de Burgundia” donde la idea de un personaje femenino completamente carente de atractivo me fascinaba. Y luego está Sonia, la arquitecta bella, elegante y sofisticada, a la que podemos considerar como un arquetipo; pero lo cierto es que mujeres como Sonia existen en la vida real. En la primera semana tras la publicación de “Siete Años”, al menos cinco conocidos me dijeron que estaban casados con Sonia. ¡Y no estaban precisamente felices con este hecho! (risas)

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2011

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2011

P: Lo curioso es que usted mismo afirma que Ivona, a pesar de su falta de interés y atractivo, es la única persona feliz de su libro. Mientras que Sonia, la mujer perfecta, es una criatura bastante lamentable.

R: Es cierto. Ivona, la inmigrante ilegal, es feliz por una razón muy simple: está profundamente enamorada. A veces la comparo con una monja, porque están “casadas con Cristo” pero nunca se van a encontrar con él, ni podrán irse de vacaciones con Jesús. (risas) Es como una nena que está “enamorada” de Michael Jackson. Ni siquiera sabe por qué ama a Alex, ni hay una elección consciente del objeto de amor. Simplemente ocurre.

P: En un momento, tras la primera vez que Alex se acuesta con Ivona usted dice que nada en ella le recordaba su “otra” vida ni tenía que dar pruebas de nada. ¿La desea porque la ve como un “ser inferior” en relación a la perfecta Sonia?

R: Sí. La inferioridad de Ivona le excita, pero también él es consciente de su propia inferioridad ante el mundo burgués y perfecto de Sonia. Con ella y su familia Alex siempre se siente inadecuado y debe hacer un esfuerzo para estar a la altura. Con Ivona puede relajar y no ser nada que no es. Puede ser realmente él mismo, sin complicaciones ni problemas. No estar realmente enamorado y no depender emocionalmente funciona muy bien para cierta gente. Es una forma de liberación.

P: Pero usted no juzga nunca a sus personajes. Se limita a describir situaciones.

R: Exacto. Creo que mi trabajo no consiste en juzgarles. No me gusta y no me interesa. Pienso que lo más interesante es que el lector se forme su propia opinión, lo que en el caso de este libro no es fácil, me parece.

P: Pero en un momento califica a Alex de “cerdo”.

R: Cierto, pero es que Alex se comporta como un cerdo. Aunque no quiero decir cuál de mis personajes es un modelo a seguir y cuál no. Eso no es mi trabajo. Pero es verdad que hay muchas formas de amor, y que nadie sabe cuál es la buena. Personalmente, no soporto las relaciones de dependencia, pero hay gente que es feliz así. No es mi caso.

P: ¿Es usted consciente de que muchos periodistas le llaman el “Houellebecq suizo”?

R: Vaya…no estoy muy seguro de que eso sea un halago (risas). Me gustaron “Las Partículas Elementales”, pero no he seguido a fondo su trabajo. Me parece una persona destrozada.

P: ¿Pero no hay una conexión entre su visión tan oscura de la vida y la condición humana y la suya propia?

R: No. Yo creo que mis libros siempre dejan lugar a la esperanza. No soy un autor oscuro. En todos mis libros, mis personajes terminan mejor de lo que empiezan. Y esto a pesar de que a menudo los protagonistas se dan cuenta que viven en matrimonios equivocados, que no funcionan. Pero eso puede ser “otra” forma de final feliz: el darse cuenta que has vivido en un error durante mucho tiempo y poder cambiar las cosas.

P: Otro elemento habitual en muchos narradores de hoy es la infidelidad y la insatisfacción en la pareja.

R: Es evidente que un matrimonio feliz no es muy interesante a nivel literario. Creo que era Flaubert quien afirmaba que, “la felicidad se cuenta mal”. Mientras que la infidelidad es un tema eterno en la literatura, no exclusivamente actual. Cuando tiene usted dos elementos e incorpora un tercero crea conflicto. Y ahí tenemos el drama. Retratar la infidelidad es un desafío interesante, porque es muy versátil y da mucho juego. Las relaciones humanas son extremadamente complejas, con una geometría particular. Dado que la religión ya casi no tiene ningún papel en nuestras vidas, la gente debe decidir lo que está bien y mal. Todo es posible, y eso es lo que hace las relaciones interesantes. De hecho, la ciencia nos enseña hoy que la infidelidad es, casi, el estado natural del ser humano. Y no solo de los humanos.

P: ¿A qué se refiere?

R: He leído sobre aves que viven en pareja estable toda la vida, pero que al mismo tiempo tienen innumerables relaciones paralelas. (risas) Tampoco debemos olvidar que la noción de amor romántico es relativamente reciente en la Historia. Antes la gente se casaba por otras razones, que poco tenían que ver con el amor. Puede que sea una ilusión la idea de que uno se puede casar y ser feliz para siempre con la misma persona, no?

P: De hecho, alguna vez he observado en público que los suizos dan la impresión de casarse con sus “mejores amigos” y vivir juntos casi como hermanos, en una especie de estado fraternal, lo que me granjeó pocas simpatías. Al mismo tiempo, usted afirma en su libro que “la pasión es un sentimiento inferior” en estas latitudes.

R: Hay mucho de cierto en esa afirmación. Mire usted, en ciudades como Zúrich todo el mundo debe ser tan rico, tan guapo y tan glamoroso que las parejas no se forman por amor, sino porque quedan bien juntas y son buen partido. Uno no busca un marido, sino un trofeo que le permita cumplir con las aspiraciones sociales que tiene. O sea, se establecen relaciones casi empresariales entre la gente. En estas sociedades ricas se piensa así: “esta mujer es tan guapa, que me quedará bien. Estaré más guapo aún con ella al lado”. (risas)

P: Hablando de su trabajo, ¿cómo escribe usted? ¿Tiene alguna técnica en particular?

R: No he estudiado escritura ni he hecho nunca talleres literarios. En mi época tales cosas no existían. Ahora hay una escuela de escritura creativa en la ciudad de Bienne, pero no estoy muy seguro de que me guste la idea de una “escuelita para aspirantes a novelistas”. Mi verdadera escuela fue leer mucho y, sobretodo, leer acerca del proceso de la escritura misma. En inglés hay excelentes textos de escritores que analizan el proceso creativo y la escritura de ficción.

P: ¿Y qué aprendió en esos textos?

R: Por ejemplo, de Hemingway he aprendido que no se deben escribir más de 600 palabras al día, porque a partir de esa cantidad la calidad del texto se resiente. Nadie puede mantener la concentración durante ocho horas. Sigo esta regla y me funciona bastante bien.

P: ¿Y dónde busca usted ideas, temas e inspiración?

R: En diarios, en historias que me cuentan, o cosas que me ocurren a mí. Las historias vienen de todas partes. Lo cierto es que no necesito mucho para empezar con un texto.

P: ¿Cuánto tiempo le ha tomado escribir “Siete Años”?

R: Desde el inicio hasta el final unos dos años. Es divertido, porque cuando me pongo a escribir, de alguna manera todo se conecta con mi libro. Todo lo que me pasa, desde ir al cine hasta una charla con un amigo, tiene una conexión al libro y puedo usarlo.

P: ¿Qué autores le han marcado?

R: Los verdaderos maestros son los escritores que leemos cuando tenemos 20 años, porque son los realmente nos forman. Aunque hoy mis favoritos son Don Delillo, entre los contemporáneos, y Stendhal entre los clásicos. Pero la verdad es que no soy para nada una “rata de biblioteca” que se pasa la vida buscando autores raros y releyendo textos clásicos. Yo creo que la literatura debe nacer de la vida, y no de los libros. La realidad me fascina mucho más que lo que puedo encontrar en los libros, aunque me encanta leer.

P: ¿Basarse en la propia vida no lleva consigo el riesgo de practicar una literatura auto referencial? ¿Casi autobiográfica?

R: Creo que no, porque el mundo es tan rico que no me interesa escribir sobre mi vida. En mis libros hay detalles puntuales tomados de mi existencia, pero ninguno relata mi propia vida.

P: ¿Puede presentar “Siete Años” en una frase? ¿De qué trata?

R: Para mí no es tan importante el “tema” como la escritura en sí. La historia es relevante para los lectores, pero para los escritores lo que cuenta es el lenguaje y cómo lo usamos. O el uso del tiempo.

P: Pero usted parece escribir “fácil”. No es de esos escritores que parecen pasar la mayor parte del tiempo buscando la expresión más rebuscada para decir algo.

R: Cierto. Hay escritores que vienen de la lengua, y escritores que vienen del mundo real. Yo pertenezco al segundo grupo. Pienso que la literatura debe nacer de la vida, y no de la lectura de libros. A mí nunca me ha interesado jugar con las formas y las palabras. La literatura es para mí un medio de recrear la realidad, y es por eso que no estoy interesado en hacer gala de mis proezas técnicas con la lengua, o de cuántos sinónimos conozco. Mi ideal es conseguir que los lectores olviden que están leyendo un libro, y eso solo se consigue usando un lenguaje en apariencia simple.

La versión editada de esta entrevista fue publicada por “Babelia”, suplemento literario del diario “El País”, el 22 de octubre de 2011.

Enlace:

http://www.elpais.com/articulo/portada/Destinos/cruzados/elpepuculbab/20111022elpbabpor_8/Tes

Entrevista Manfred Eicher

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

Manfred Eicher es el fundador de ECM, el legendario sello discográfico que lanzó a la fama mundial a músicos como Keith Jarrett, Pat Metheny o Arvo Pärt. Esta marca, mítica para los amantes de la música, acaba de cumplir 40 años. Eicher, considerado uno de los productores musicales más influyentes de los últimos 50 años, concedió esta rara y extensa entrevista exclusiva a orillas del Lago Maggiore, en Suiza, con motivo del estreno mundial del documental “Sound & Silence”, que presenta su trabajo y su relación personal con músicos como Arvo Pärt o el argentino Dino Saluzzi.

 

Rodrigo Carrizo Couto: Háblenos de sus comienzos.

Manfred Eicher: Yo era contrabajista en la Filarmónica de Berlín en la época de Herbert von Karajan, y abandoné mi instrumento en 1969 porque me pareció que podía hacer más por la música y por mi idea del sonido trabajando como productor que como músico.

RCC: ¿Cómo nació el proyecto “Sounds & Silence”?

M.E.: La idea de la película surgió hace dos años en Zúrich. Estaba yo haciendo una grabación con Bruno Ganz, el legendario actor suizo, pues somos buenos amigos desde hace ya mucho tiempo. Fue entonces que conocí a los realizadores Peter Guyer y Norman Widmer, quienes realizaban un documental sobre Ganz.

RCC: En la película usted no habla demasiado, pero tiene ideas claras sobre el mundo de la música. ¿El silencio en la película fue una decisión suya o de los realizadores?

M.E.: Cuando conocí a los realizadores, pude darme cuenta que eran gente capaz de oír. De prestar profunda atención. Y esa actitud me gustó. Fue así que comenzaron a seguirme en mis viajes y en mi trabajo, pero sin hacer preguntas, sin romper la concentración de los músicos.

RCC: ¿Cómo se integraron músicos y cineastas?

M.E.: No fue nada fácil. Es siempre complicado que gente externa al mundo de la música se adapte a un estudio de grabación. Y en este caso se suman las cámaras, las luces. A menudo han debido filmar a mucha distancia, para no perturbar a los músicos en plena sesión. Fue un rodaje bastante difícil desde un punto de vista técnico.

RCC: En la película hay momentos de gran belleza.

M.E.: En efecto. Pienso, por ejemplo, en el momento cuando (el compositor estonio) Arvo Pärt descubre su propia música al comienzo del filme. Su cara de asombro al escuchar por primera vez…como un padre que descubre a su hijo recién nacido.

RCC: Hablando de cine, poca gente sabe que usted ha trabajado con Jean-Luc Godard. ¿Puede explicar ese encuentro?

M.E.: Desde mis tiempos de estudiante y cuando vivía en Berlín como músico mi interés en el cine fue siempre muy grande. En 1990 me puse en contacto con Godard, quien me respondió rápidamente. Nuestro primer trabajo juntos fue para la película de 1991 “Nouvelle Vague”, protagonizada por Alain Delon. Ese fue el inicio de una larga y fructífera colaboración.

RCC: De hecho, es fácil ver similitudes entre su trabajo y el de Goddard.

M.E.: Ambos creemos en ir a lo esencial de las cosas. En eliminar lo superfluo. Si se refiere a ello, es muy posible.

RCC: A menudo se “acusa” a su sello de dar demasiado lugar a movimientos como el minimalismo o estar muy cercano a expresiones basadas en la tonalidad.

M.E.: No es cierto. Hemos trabajado con muchos compositores de vanguardia, como el húngaro Georgy Kurtag o el italiano Luciano Berio y otros miembros de la Escuela de Darmstadt. Tengo una profunda afinidad por la “música poética”, sin preocuparme de cuan disonante o aleatoria esta pueda ser.

RCC: Me interesa especialmente el futuro de la música. ¿Cómo ve usted el muy extendido fenómeno de la piratería?

M.E.: Si la gente es feliz oyendo mis discos…qué puedo hacer? No puedo cambiar las leyes. Pero prefiero no saber las cifras exactas (risas) pues no tengo el tiempo ni la energía que dedicar a esta cuestión. Esto no quiere decir que yo apruebe la piratería, sino que estoy casi resignado al respecto. En países como Rusia o Argentina, donde  ECM es muy apreciada, el precio de los discos es inaccesible al cliente medio.

RCC: Algunos observan que la piratería no es nueva…

M.E.: La copia en cintas que haciamos hace 30 años no puede compararse. La calidad era mala…con ruidos y soplidos. Pero ahora las copias digitales son perfectas, y pueden distribuirse de manera global en Internet! Si alguien necesita pasta de dientes, no va a la tienda y se la lleva. En Suiza por algo así va a la cárcel! (risas) Pero todo el mundo parece ver normal que se robe el trabajo intelectual: música, fotos, textos.

RCC: ¿Cómo puede explicar en qué consiste el trabajo de un productor?

M.E.: Soy el responsable directo de todos y cada uno de los discos producidos por ECM en estos 40 años. He estado personal y activamente involucrado en todos ellos. No soy un empresario, sino un músico que “crea” en igualdad de condiciones que los otros músicos. Creo que es muy importante que esto sea bien comprendido.

RCC: Usted ha cambiado para siempe la forma en que entendemos la música, pero si tuviera que recomenzar hoy, montaría una productora?

M.E.: Creo que viendo la actual situación del mercado musical, hoy no montaría una productora. Hay tantas novedades, tantos cambios tecnológicos, a lo que se suma la mencionada piratería, que pienso que no me sentiría a gusto. Supongo que no volvería a empezar…pero es una pregunta demasiado hipotética (risas).

RCC: Algunos críticos de su trabajo consideran que su visión de la música es limitada y centrada en la Europa del Norte y Escandinavia.

M.E.: Sólo puedo responder que, obviamente, no conocen el trabajo que hacemos. Hemos trabajado con músicos de América del Sur, Estados Unidos, Italia o Túnez. De todas formas, ECM no refleja todos los estilos musicales del mundo, sino aquellos que interesan particularmente a su productor. O sea, a mí. (risas) Busco músicas que me “hablen” de una manera directa y personal. Para otras músicas hay otros productores, y está muy bien así.

RCC: En la película, uno de los protagonistas es el bandoneonista argentino Dino Saluzzi. ¿Qué puede decirnos de su trabajo?

M.E.: Dino y yo llevamos 30 años trabajando juntos, desde nuestro primer encuentro en Noruega y la producción del disco “Kultrun”. En mi opinión es uno de los más creativos músicos sudamericanos, junto al brasileño Egberto Gismonti. Con los años se ha convertido igualmente en un gran compositor, capaz tanto de escribir tanto para gran orquesta como para cuarteto de cuerdas. Para mí, Saluzzi es un “aliado” muy cercano de mi pensamiento musical. Yo encuentro que algunos momentos musicales de la película con Dino Saluzzi y Anja Lechner en Salta, con sus amigos, son más intensos y “verdaderos” desde un punto de vista musical que cualquier cosa que Wim Wenders y Ry Cooder hayan podido hacer con su famoso “Buenavista Social Club”.

RCC: ¿Qué opinión le merecen las estrategias de márketing usadas por el mercado musical, basadas en el atractivo sexual, el diseño y la belleza?

M.E.: Yo diría más bien belleza vacía. Creo que el “márketing” es maligno, pues introduce en el corazón de la gente necesidades que no son reales. Si no tienes un verdadero contenido que ofrecer, si no hay verdad en tu producto, no podrás llegar a la gente a largo plazo. Puedes obtener un éxito limitado y rápido, pero luego vendrá otro que hará que te olviden igual de rápido. Creo que es preferible revisitar las grandes obras en vez de seguir produciendo un arte cada vez más banal y carente de contenido. Si quieres durar, tienes que transmitir tu mensaje y ejecutar la música con verdad.

RCC: Supongo que ECM sería la prueba de ello.

M.E.: En efecto. Un buen ejemplo de esto es cuando produje el disco “Officium” con Jan Garbarek y el Hilliard Ensemble. Ese disco 20 años más tarde, se sigue vendiendo y esos músicos llenan salas cada vez que se presentan. Y ello sin necesidad de márketing o promociones especiales. Por cierto, “Officium” vendió 1.5 millones de copias! Confio en que la segunda parte tenga un éxito similar y llegue a tocar el alma de tantas personas.

RCC: Hablando de éxitos, ¿puede usted hablarnos de su trabajo más conocido? Me refiero al mítico “Köln Concert” de Keith Jarrett.

M.E.: Ese disco estuvo a punto de no existir. Hasta el último minuto, Jarrett quiso anular la presentación puesto que el piano no le resultaba satisfactorio y, de hecho, posteriormente tuve que trabajar mucho en el estudio para mejorar su sonido. Pero, afortunadamente para la historia de la música, Keith no anuló su concierto y tocó igualmente.

RCC: ¿Era usted consciente de tener tal “bomba” musical entre manos?

M.E.: Al día siguiente, viajando él y yo en coche – teniamos un Renault 4 en esa época (risas) – hacia otra ciudad alemana escuchamos las primeras cintas de la noche anterior, e inmediatamente fue evidente que esa grabación tenía algo muy especial. Pero nada me hizo pensar que venderiamos más de 5 millones de copias! (risas) Pero ese no es el punto central. Lo importante es que se logró dar testimonio de una noche mágica, extraordinariamente singular. Es un disco que ha pasado a formar parte del imaginario colectivo y la cultura general de nuestro tiempo.

RCC: ¿Alguna reflexión o consejo para los amantes de la música?

M.E.: Escuchen lo que se les ofrece. No descarten la nueva música tras uno o dos minutos de escucha. Intenten penetrar en el mensaje y comprender lo que el compositor intenta “decir” con su música. Algo bueno en nuestro caso es que podemos ser “abogados” de los músicos jóvenes, pues tras 40 años de trabajo, hay mucha gente que confía en nosotros, en los cinco continentes. Ese es un privilegio que pocas empresas tienen. Soy feliz de poder mantener este diálogo con el público, pues cada disco es un mensaje y parte de una larga charla entre nosotros.

RCC: ¿Qué será de ECM el día que Manfred Eicher no esté al mando?

M.E.: Si algún día ya no estoy, quedarán los discos, que son documentos inalterables. Si en 100 años alguien quiere saber lo que hicimos, siempre podrá saberlo.

Rodrigo Carrizo Couto, Locarno

La versión editada de esta entrevista fue publicada por la SRG-SSR Swissinfo el 18 de diciembre de 2009.

Enlace:

http://www.swissinfo.ch/spa/cultura/El_sonido_del_silencio.html?cid=7706920

Foto: ECM Records

 

Manfred Eicher y ECM

Nacido en 1943 en Lindau, en la frontera suizo-alemana, Manfred Eicher se formó como contrabajista en la Academia de Música de Berlín. Tras incorporarse a la legendaria Orquesta Filarmónica de Berlín, abandonó la práctica instrumental para fundar en 1969 su propio sello discográfico: ECM, o Editions of Contemporary Music, con base en Münich, Alemania.

Eicher ha producido más de 400 discos con algunos de los músicos más influyentes de nuestro tiempo, como Chick Corea, Gary Burton, Keith Jarrett, Egberto Gismonti, Pat Metheny, Gidon Kremer, el suizo Heinz Holliger o Steve Reich. Su sello ha lanzado una nueva rama destinada a la música clásica y antigua llamada ECM New Series.

Manfred Eicher ha ganado el Premio Grammy al mejor productor de música clásica en 2002. Ha recibido honores como su nombramiento de Comandante de la Orden de la Estrella Polar, de manos del rey de Suecia y la Orden Real de Noruega, además de ser votado “Productor del Año” por la revista “Downbeat”, de los Estados Unidos.

Entrevista Yuja Wang

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

La joven pianista Yuja Wang se ha erigido en pocos años como un referente ineludible de su instrumento a nivel mundial. Su carrera internacional comenzó en Suiza hace siete años y pasa por el Festival de Verbier, donde se realizó esta entrevista exclusiva.

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2010

Con apenas 23 años, Yuja Wang se ha convertido en una de las grandes promesas de salvación para la industria discográfica, que atraviesa tiempos tormentosos. La joven china nos recibe en el lujoso “Chalet d’Adrien”, en los altos de Verbier. Esta pequeña ciudad suiza celebra en julio uno de los festivales musicales más prestigiosos (y exclusivos) del mundo.

P: Su début en Europa tuvo lugar en Suiza. Y Verbier ha significado mucho en su carrera. ¿Puede decirse que tiene usted una relación especial con nuestro país?

Yuja Wang: Sin duda, es un lugar que significa mucho. He debutado con el maestro David Zinman y la orquesta de la Tonhalle de Zürich en 2003. Posteriormente he tocado varias veces en el Festival de Lucerna.

P: ¿Y cual es su relación con Verbier?

Y.W.: Aquí es conocí al director del sello Deutsche Grammophon y a mi patrocinador principal, Rolex. Es obvio por tanto que Suiza ha significado mucho en mi carrera. Aparte de eso, Verbier tiene una característica única. Es el único lugar del mundo donde los músicos tenemos tiempo para ir a escuchar a nuestros colegas! (risas) Lo malo es que me causa de gran stress tocar aquí, pues entre el público hay gente como Menahem Pressler, Yevgueny Kissin o Martha Argerich (nda: reconocidos pianistas)

P: ¿Cómo ve el panorama musical chino?

Y.W.: Yo me fui de China con 14 años, y volví por vez primera con el director Claudio Abbado y la Orquesta del Festival de Lucerna. Descubrí otro país, que me sorprendió mucho.

P: ¿Porqué hay tal interés en la música europea en China?

Y.W.: La música clásica occidental es una forma de arte relativamente nueva para los chinos, y muy profundamente respetada. Pero no se confunda, en China las audiencias están muy cultivadas y tienen un profundo sentido crítico, muy similar al del público europeo y suizo. Los chinos de hoy reciben un nivel de información muy similar al de los europeos y pueden comparar con buen criterio.

P: ¿Cómo pueden absorber el mercado y el mundo musical decenas de millones de pianistas y músicos de nivel profesional?

Y.W.: Hay que entender que los chinos que estudian piano no tienen todos la aspiración a una carrera profesional en la música. Para la mayoría, el piano es parte de una formación integral en la que entran otras materias. A veces creo que los chinos aspiran a ser una suerte de hombres del Renacimiento de hoy. Los chinos son gente de una curiosidad insaciable. A menudo en China siento que no sé nada. Me sorprende el grado de conocimientos que los jovenes chinos son capaces de manejar hoy en día. Un nivel muy distinto al que vemos, por ejemplo, en los Estados Unidos.

P: Usted y el otro gran pianista chino, Lang Lang, tienen algo en común: el mismo maestro de piano.

Y.W.: En efecto. Gary Graffman tiene, casi exclusivamente, alumnos asiáticos. Es curioso, pero se siente muy a gusto con jovenes de Asia. Suele comentar que los asiáticos aprendemos muy rápido, y que eso no es algo muy usual. Nos ha proporcionado, aparte de técnica y conocimientos, una enorme red de contactos puesto que conoce a casi todo el mundo que cuenta en el mundo de la música. Aparte, en Occidente podemos tocar con orquestas, lo que en China sigue siendo, por el momento, algo muy difícil.

P: ¿Existe algo que podamos llamar “escuela china de piano” como existen la rusa o la francesa, o es demasiado pronto para algo así?

Y.W.: A los chinos nos reconocen como excelentes técnicos, pero mi maestro proviene de la escuela rusa de piano. También he trabajado con maestros de técnica alemana, y yo absorbo todos esos conocimientos. O sea, la escuela china sería una combinación de esas distintas influencias musicales. Pero lo que realmente ayuda a construir una carrera es la individualidad. Y, para serle sincero, prefiero que no hablen de mí como “pianista china”, sino más bien como “música universal”.

P: Hablando de “individualidad”, qué pianistas han marcado su carrera?

Y.W.: Entre los pianistas vivos, me han dejado impresionada Radu Lupu e Ivo Pogorelich. Luego, obviamente, está Vladimir Horowitz. Y, dado que soy una mujer, no puedo olvidar a la gran Martha Argerich, que se encuentra también aquí en Verbier. De hecho, tengo una anécdota con Martha! Tuve que reemplazarla a último momento con la Sinfónica de Boston, tocando el Primer Concierto de Tchaikovsky. Así comenzó nuestra relación! Admiro mucho en Martha Argerich su generosidad, que la lleva a ayudar a tantos músicos en todo el mundo. Ella es una diosa del piano. Cada vez que sube al escenario se produce un milagro, aunque ella misma no pueda explicar cómo ese milagro se produce. (risas)

P: A menudo los especialistas del mundo de la música clásica observan el profundo desinterés de las generaciones jovenes. ¿Ocurre lo mismo en China?

Y.W.: No, al contrario. Allí, el 80 % del público está compuesto por padres con niños de menos de 15 años! Creo que el problema que usted menciona es fundamentalmente en Europa. En los Estados Unidos hay mucho público de menos de 30 años. Aunque es verdad que el gran problema es que la gente está intimidada por la música clásica.

P: Siendo usted tan joven, cómo piensa que se puede lograr atraer a la juventud?

Y.W.: Creo que la gente debe acercarse a la música clásica por su propio interés. No hay forma de obligar a la gente a amar una forma de arte.

P: ¿Cuales son sus proyectos a corto y mediano plazo?

Y.W.: No soy capaz de hacer planes más allá de una semana. Aunque por lo pronto sacaré un disco grabado en directo con obras de Rachmaninoff, dirigida por Claudio Abbado. Por lo demás, nunca sé lo que va a ocurrir. Acepto lo que me trae la vida sin pensar demasiado.

P: ¿Y cómo se imagina en la madurez, dentro de 20 años?

Y.W.: Creo que ya soy una intérprete madura…pero si se refiere a la edad, le aclaro que odio el concepto de “madurez”. Espero que dentro de 20 años logre mantener el fuego de la juventud que todavía podemos escuchar en Martha Argerich. Esa mezcla de profundidad y juventud es el ideal.

P: ¿Podría usted vivir sin el piano?

Y.W.: Puedo imaginarlo. A mí me interesa la música en general y no sólo el piano, que no es otra cosa que un instrumento para hacer música. Aunque no me puedo imaginar haciendo cosas como dar clases de música. No tengo la paciencia y no sabría que explicar a los estudiantes. (risas)

P: ¿La vida de un concertista de primer nivel debe ser agotadora, no?

Y.W.: En efecto. Estoy dando más de 100 conciertos por año, y eso es algo que no me gusta. Cuando la música se convierte en un trabajo hay algo que falla. A menudo sueño con dar menos recitales, pero que cada presentación sea un evento único e irrepetible.

P: ¿Tener éxito es tan duro entonces?

Y.W.: El éxito no pasa solamente por tocar bien el piano. Llevar adelante una carrera internacional implica habituarse a los viajes constantes. Y a mucha soledad.

P: Una curiosidad. ¿Con qué pasaporte viaja usted por el mundo?

Y.W.: Soy ciudadana china, con una Green Card de residente en los Estados Unidos.

P: ¿Qué hace usted para divertirse?

Y.W.: No me gusta el rock. Es demasiado fuerte para mis oídos. Tampoco me gusta ir a discotecas. Lo que sí me gusta mucho es el jazz, aunque aún no me he atrevido a tocarlo. En cuanto a mi tiempo de ocio, me encanta nadar, leer y ver películas.

P: ¿Hay algo que le gustaría decir que no le hayamos preguntado?

Y.W.: No. Pero me alegra que por una vez un periodista no me haya hecho hablar de mis novios y de mi vida privada.

P: ¿Novios?

Y.W.: Bueno…en este momento sólo tengo uno! (risas)

Rodrigo Carrizo Couto, Texto y Fotos

Verbier, julio de 2010

La versión editada de esta entrevista fue publicada por el diario “El País” el 21 de julio de 2010.

Enlace:

http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/verano/alpino/Yuja/Wang/elpten/20100721elpepirdv_10/Tes 

Yuja Wang

La pianista Yuja Wang nació en Beijing en 1987 en el seno de una familia de músicos

Comenzó sus estudios de piano a los seis años en el Conservatorio de Beijing. Posteriormente, se mudó a Canadá a los 14 años y continuó su formación en Estados Unidos con el célebre pianista Gary Graffman, quien fuera maestro del otro gran pianista chino de hoy: Lang Lang

Su primera presentación en Occidente tuvo lugar en 2003 con la prestigiosa orquesta de la Tonhalle de Zürich, en Suiza. Su primera actuación en Verbier le valió importantes contratos discográficos y de espónsoring

Su disco debut fue producido por el prestigioso sello alemán Deutsche Grammophon en el año 2009. Pronto se publicará un nuevo CD donde interpreta obras de Rachmaninoff acompañada de Claudio Abbado y la Orquesta de Lucerna

Es artista exclusiva del sello Deutsche Grammophon y “embajadora” de Rolex. Vive y trabaja en la ciudad de Nueva York

Entrevista Isabelle Graesslé

Isabelle Graesslé 24 - MINI

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2009

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

Hace cinco siglos nacía en Francia el teólogo Juan Calvino, considerado junto a Martín Lutero uno de los “padres” de la Reforma Protestante que iba a cambiar Europa en el Siglo XVI. Para acercarse a esta figura capital de la historia europea pocas personas están más capacitadas que Isabelle Graesslé, teóloga francesa y directora del Museo Internacional de la Reforma de Ginebra. Graesslé, autora de numerosos libros sobre Calvino y la Reforma, ha sido la primera mujer en ocupar el puesto de Moderadora de la Compañía de Pastores. Esta venerable institución, creada por el propio Calvino, ocupa un lugar central en Ginebra, ciudad conocida como “la Roma protestante”. El Museo Internacional de la Reforma, ganador del premio del Consejo de Europa, prepara en 2009 una serie de exposiciones para recordar la figura de Calvino. A ello se suman iniciativas del Deutsches Historisches Museum, de Berlín, y del Museo de Dordrecht, en Holanda.

P: Juan Calvino ha tenido una importancia capital en la Historia europea, pero es poco conocido de los lectores españoles. ¿Quién fue Calvino?

R: Fue un teólogo francés nacido en 1509 que perteneció a lo que podriamos definir como Segunda Generación de la Reforma. Calvino surge como reacción a una visión de lo religioso basada en la superstición, lo pueril y lo mágico. Pero para comprender su obra antes hay que comprender a Martín Lutero, quien el 31 de octubre de 1517 hizo públicas las hoy célebres “95 Tesis” con las que se enfrentaba a la Iglesia Católica. En esa época, el Vaticano necesitaba enormes capitales para terminar las obras de la Basílica de San Pedro y se decidió que la salvación no sólo se alcanzaba por la buenas obras, sino con dinero. La gente pagaba importantes sumas para limpiarse del pecado. Es lo que se llamó “la venta de indulgencias”.

P: ¿Cómo explica usted lo que significó Juan Calvino?

R: Representa una vuelta a los valores fundamentales de la fe, basada en la lectura individual de la Biblia y en una profunda simplificación de la religión. Martín Lutero es el elemento esencial de la Reforma, el teórico. Pero Calvino fue el estratega y el político. A los 27 años, en 1536, publicó su obra capital, “Institución de la Religión Cristiana”. El libro fue un “best-seller” entre los intelectuales de la época, aunque sólo el 1 % de la población sabía leer. Tenía  una inteligencia única y era un gran orador. Su estructura de pensamiento es de esas que se dan dos o tres veces en un siglo.

P: ¿Puede explicar cuales son las principales similitudes y diferencias entre la Iglesia Católica Romana y ustedes ?

R: La diferencia fundamental es que no hay ningún intermediario entre dios y el ser humano. Según el teólogo Olivier Fatio, “Calvino vació el Cielo, al eliminar santos y vírgenes”. La estructura de la Iglesia Católica es piramidal, con el Papa en la cima, obispos, sacerdotes y el pueblo. Nosotros creemos que todos somos iguales, y funcionamos como una especie de asamblea. Nos parecemos bastante a una democracia parlamentaria. Los calvinistas creemos que la única autoridad emana de la Biblia, de la Palabra. De hecho, hay teólogos que consideran que “el mero hecho de predicar la Palabra ES la Palabra”. Una especie de fusión con lo divino a través del texto muy propia de la tradición judía, a la que Calvino estaba muy apegado. De hecho, puede decirse que el pensamiento de Juan Calvino es profundamente rabínico.

P: ¿Y en cuanto a los sacramentos?

R: La Iglesia Católica reconoce siete, nosotros sólo dos. Son el bautismo y la eucaristía. Para explicarlo simplemente, creemos que son los dos momentos capitales en la vida de Jesús: su comienzo y su fin. Creemos en la confesión, pero no es un sacramento y se hace de forma pública ante la asamblea. Tampoco creemos en el Purgatorio ni en la bendición de reliquias u objetos.

P: ¿Y qué hay de la virginidad de María?

R: Para nosotros es irrelevante y anecdótica. Ni la negamos ni la afirmamos. De hecho, según los Evangelios griegos originales, María es definida como “partenós”, que quiere decir “doncella” o “muchacha”. De eso no se deduce que fuera virgen! Lo central en el Protestantismo es que María no participa del hecho de la salvación, ni es una intercesora entre nosotros y dios.

P: Usted debe conocer bien el libro de Max Weber sobre “La ética protestante y el origen del capitalismo”. ¿Qué hay de cierto en ese texto?

R: Max Weber asocia el calvinismo al origen del capitalismo pues nosotros creemos que no “merecemos” la salvación, pero ello no justifica que nos quedemos de brazos cruzados. Hay una noción de esfuerzo y trabajo sumado a un agudo sentido de la responsabilidad que son muy propios del Protestantismo. De hecho, Calvino puede ser considerado el padre de la economía moderna al permitir los préstamos, algo que hasta entonces sólo podían hacer los judíos. Según Calvino, el dinero no podía estar inactivo y debía servir a la sociedad. Para tal fin, podía ser prestado, siempre que los intereses fueran “razonables”. Weber asocia al calvinismo el concepto de “hacer trabajar el dinero”, pero su libro fue muy criticado en el Siglo XX.

 P: Si uno mira el mapa de las naciones más prósperas de Europa, coincide asombrosamente con el mapa del Protestantismo. ¿Cual es la relación entre Reforma y riqueza?

R: Sin duda, hay una relación. Volviendo a Max Weber podriamos decir que no se equivoca del todo, pero que tampoco tiene toda la razón. A mediados del Siglo XVI una nueva visión de la economía comienza su marcha, coincidiendo con el desarrollo del calvinismo.

P: ¿Podemos profundizar un poco en el pensamiento político de Calvino?

R: El elemento central es que cree firmemente en una separación estricta entre el poder temporal y el poder religioso. Entre iglesia y Estado. Un pensamiento muy moderno para su época.

P: Los movimientos evangélicos conocen una enorme expansión en América Latina, y a través de la inmigración comienza a ser un fenómeno conocido en España. ¿Se reconoce usted en esas iglesias? ¿Qué les une y qué les separa de ellas, siendo como son ramas del protestantismo?

R: Es una pregunta compleja. Los sociólogos de la religión tienen serias dudas respecto a que esas iglesias puedan ser consideradas protestantes. Personalmente, no me reconozco en esas iglesias mercantilistas, que creen en los milagros y el espectáculo. Yo veo a esos movimientos que arrasan en América Latina más bien como una reacción o una revuelta interior del propio catolicismo. Una forma de reencontrar una supuesta pureza. Pero es un fenómeno que nos lleva a hacernos muchas preguntas sobre las razones de su enorme éxito.

P: ¿Cómo se llevan los Protestantes con la Iglesia Católica hoy en día?

R: Son tiempos muy duros. Vivimos la edad de hielo del Ecumenismo. En tiempos del Concilio Vaticano II y del Papa Juan XXIII se vivió su edad de oro; pero la jerarquía actual, que ya estaba presente en tiempos de Juan Pablo II, ha roto de manera radical con esa tradición de tolerancia. No hay que olvidar que el Papa Ratzinger era Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe en tiempos de Wojtyla.

P: Muy a menudo se escucha a los analistas decir que el islam es una religión que necesita su Reforma. ¿Está usted de acuerdo?

R: Como representante de mi iglesia no quiero ni puedo pronunciarme sobre otra religión. Pero como teóloga puedo decirle que en el islam ha habido grandes reformadores y progresistas. El problema es que no fueron escuchados.

Rodrigo Carrizo Couto, Texto y Fotos

Ginebra, Enero de 2009

La versión editada de esta entrevista fue publicada por la SRG-SSR Swissinfo el 26 de abril de 2009.

Enlace:

http://www.swissinfo.ch/spa/sociedad/El_calvinismo_cree_que_todos_somos_iguales.html?cid=7338406

 

Entrevista con Avi Shoshani

Avi Shoshani MINI

Copyright Foto: Rodrigo Carrizo Couto 2009

Una entrevista de Rodrigo Carrizo Couto

El israelí Avi Shoshani pertenece a una curiosa categoría de personas en el mundo de la música: la de los que tienen una enorme influencia sin ser conocidos del gran público. Algo así como un cruce entre productor, agente y promotor de conciertos, cuyo rostro raramente es fotografiado. El motivo de ese “poder” no es otro que sus cargos como director gerente (“executive manager”, aclara) de la Orquesta Filarmónica de Israel, una de las agrupaciones sinfónicas punteras a nivel mundial, y su “otra” carrera como co-director y consultor artístico del prestigioso y elitista Festival de Verbier, en los Alpes de la Suiza francesa.

Para entendernos, podría decirse que si el lector tiene un hijo con veleidades de pianista o una sobrina con cierto talento para el violín, conocer a Avi Shoshani puede ser la llave que abra muchas de las puertas a una carrera internacional. Y es que, sin duda, la agenda de teléfonos de este hombre puede hacer palidecer de envidia a más de cuatro agentes de conciertos, y sus contactos se extienden de Tokyo a Valencia pasando por Nueva York.

Shoshani es un hombre que parece seco y distante en principio, pero en las distancias cortas aclara que eso es una exigencia del guión, “para ser tomado en serio”. De hecho, Shoshani posee un poderoso sentido del humor y es una de esas personas que hacen las delicias de los periodistas, pues su discurso es fluido e interesante, y las risas puntúan toda la charla. “Soy judío”, aclaró al cronista con una sonrisa irónica, “hablar es lo que mejor sabemos hacer”.

P: Hable un poco de usted.

R: Yo he nacido tres meses antes de la Declaración de Independencia de 1948. De hecho, yo podría considerarme como palestino. Si le mando una carta a Abu Massen, debería otorgarme un pasaporte palestino (risas). En cuanto a mi trabajo, soy gerente de la Orquesta Filarmónica de Israel y director artístico del Festival de Verbier. Mi mujer dice a menudo, en broma, que aún me quedan dos horas libres al día y que debería asumir alguna otra responsabilidad.

P: Como muchos israelíes, su historia debe estar marcada por el Holocausto.

R: En efecto. Mi familia viene de Ucrania. En 1908, un familiar que había emigrado a Palestina comenzó a ver los peligros que se cernían sobre Europa en los años ’30. Esta persona pidió a toda mi familia que emigrara a lo que hoy es Israel. Los que le escucharon, como mis padres, se salvaron. Los demás murieron en los campos nazis. Es una historia clásica en Israel, que forma casi parte del folklore nacional.

P: ¿Y cómo llega a su puesto actual?

R: Todas las madres de mi generación querían que sus hijos fueran un Rubinstein o un Heifetz. Pero yo no lo logré y terminé gestionando los destinos de la Filarmónica de Israel. Llevo ya 35 años con la orquesta y aún amo mi trabajo.

P: En todos los países, la juventud se distancia cada vez más de la música clásica. Incluso en Israel. ¿Cual es la razón y qué solución ve?

R: El desinterés de los jóvenes por la música clásica es universal e incomprensible. Es una pregunta para la que no tengo respuesta, pero es una realidad dramática.

P: ¿Puede decirse que la respuesta esté en la fusión?

R: No creo que la solución pase por el “crossover”, por la mezcla de estilos. Creo que la falta es del sistema educativo, y eso no se arregla juntando a raperos con orquestas sinfónicas. Experimentos como los de Bobby McFerrin me parecen desacertados, y con el tiempo se ve que son irrelevantes. Nadie habla ya de Bobby.

P: ¿Cómo analiza la “invasión” de intérpretes asiáticos, en particular chinos?

R: Históricamente, los judíos querían salir del “ghetto” y obtener respetabilidad. Para ello, usaron la música, una de las pocas profesiones que les estaban permitidas y donde se los toleraba. Hoy, el mismo camino lo están siguiendo los chinos y los asiáticos. Se sienten discriminados y buscan la aceptación social sobre la base del talento. Quieren ser juzgados sólo en base a su capacidad, pero es innegable que el mercado no puede asimilar cientos de miles de nuevos pianistas cada año. En China el arte es una cuestión de ascenso socio-económico más que espiritual.

P: A pesar de ese análisis crítico, figuras del piano como Lang Lang o Yundi Li son habituales de “su” Festival de Verbier.

R: Lang Lang tiene talento, y está progresando mucho. Pero entre los asiáticos no hay el carisma y la genialidad de un Leonard Bernstein, o de una Martha Argerich. Los chinos siguen en la fase de la imitación, pero están aún muy lejos del momento de la creación. Harán falta generaciones para que lleguen a eso…si es que llegan. Y es que en China, si no has triunfado a los 30 años, estás liquidado. Es un sistema muy veloz y profundamente cruel.

P: ¿Y quienes le entusiasman?

R: Los sudamericanos! Para mí, el futuro de la música clásica pasa por América Latina. Es allí donde están surgiendo los intérpretes más interesantes. Gente como el director venezolano Gustavo Dudamel o la violoncellista argentina Sol Gabetta tienen mucho en común con la tradición judía. La misma chispa, la misma creatividad, incluso el mismo sentido del humor.

P: Es inevitable hablar de política con un israelí. ¿Cree que el mundo comprende lo que pasa en su país?

R: Absolutamente, no. Los británicos son los europeos más injustos en su análisis del conflicto árabe-israelí. La BBC es terrible. Para ellos, sólo cuenta lo que ocurre entre los palestinos. Es algo incomprensible para nosotros.

P: La historia de su orquesta está ligada a las guerras de Israel. No todos los días uno ve conciertos bajo las bombas.

R: Yo estuve presente el día en que Isaac Stern dió un recital de Bach ante un auditorio en el que todo el mundo llevaba puesta la máscara de gas. Lo asombroso es que nadie dejó la sala, a pesar de que caían los cohetes árabes. O cuando Leonard Bernstein dirigió en el Monte Scopus para los heridos de guerra. O el día en que Zubin Mehta dirigió ante gente entusiasta en plena primera Guerra del Golfo. No podiamos tocar en nuestra sede, y tuvimos que ir al puerto de Jaffa por el peligro. Son momentos que no se olvidan.

P: ¿Y cual es su  idea para terminar con esta eterna crisis?

R: A mi criterio, la única solución al conflicto pasa por dos Estados. Mi idea personal, que muchos israelíes no comparten, es una Jerusalén con un estatuto de autonomía basado en un modelo similar al del Vaticano.

P: Zubin Mehta, Itzhak Perlman, Daniel Barenboim y Pinchas Zukerman fueron un grupo de amigos que marcó la historia de la música y a los que usted conoce bien. ¿Cómo se llevan hoy?

R: Ellos siguen siendo amigos en lo personal. Pero en lo político están divididos y no pierden oportunidad de denunciarse mutuamente a la primera ocasión que tienen. Itzhak Perlman quiere mucho a Daniel Barenboim, pero le dice abiertamente que no está de acuerdo con sus posturas en el conflicto árabe-israelí.

P: ¿Es usted realmente uno de los hombres más poderosos en el mundillo de la música clásica?

R: Ciertamente, yo puedo ayudar mucho a una carrera musical (risas). Puedo abrir puertas, pero sólo la primera vez. La segunda, el artista estará solo. Obviamente, si no tienes talento, no hay nada que yo pueda hacer.

P: ¿El mundo de la música clásica no es un poco endogámico?

R: ¿Y acaso hay alguna profesión que no lo sea? (risas)

P: Hablemos de dinero. ¿Cuanto ganan sus músicos en Tel Aviv?

R: Los músicos de la Filarmónica de Israel ganan una quinta parte del sueldo de sus colegas americanos o europeos…y trabajan el doble! Es duro, pero es así.

P: Autores como Norman Lebrecht consideran que los “cachets astronómicos” de directores y solistas están matando a la música clásica. ¿Está usted de acuerdo?

R: Conozco bien a Norman, y no estoy de acuerdo con su teoría. Es un mito que los músicos clásicos ganen tanto dinero. ¿Comparados con quién? ¿Con Madonna? ¿O con David Beckham? A su lado, los directores y solistas son pobres. Y créame, porque sé muy bien de lo que hablo. Los cachets “astronómicos” de 60.000 euros por una noche existen cuando es el caso de eventos únicos e irrepetibles. Nadie paga eso por un artista en gira mundial. Sólo si hablamos de eventos televisivos de masas como los conciertos de los Tres Tenores.

P: Usted tuvo el raro privilegio de tratar a Leonard Bernstein. ¿Cómo era?

R: Lenny era un genio complejo. En sus últimos años apenas podía dormir. Bebía mucho y era un problema incluso que llegara a horario a los ensayos. Fumaba grandes cantidades de cigarrillos. Pero era de esos artistas que ya no se fabrican. Con él se rompió el molde. Un artista absoluto.

P: Vaya historias debe tener usted tras 35 años en este oficio.

R: Amo lo que hago. Aún me apasiona y me alegra. Es un gran privilegio seguir enamorado de mi trabajo tras tantos años. A menudo pienso que cuando me retire, me encantaría escribir un libro contando todas las anécdotas secretas de mi vida junto a los más grandes músicos. Podría ser algo explosivo!

Rodrigo Carrizo Couto, Texto y Fotos

Tel Aviv, Junio de 2008

La versión editada de esta entrevista fue editada por el diario “El País” el 12 de junio del 2008

Enlace:

http://www.elpais.com/articulo/ultima/judios/tocar/Zaragoza/volver/casa/elpepuult/20080612elpepiult_2/Tes